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"Aférrate a tu sentido del humor, lo necesitarás todos los días” (T.E. Lawrence, Lawrence de Arabia)



Un spa en la azotea

Se dice que “De Madrid al cielo” así que para escapar del infierno veraniego de esta ciudad  de asfalto, circulación intensa y gentío… con temperaturas extremas que me vuelven loca, me montó un spa en la azotea,  y me olvido de que... aquí no hay playa, vaya, vaya, como cantaban Los Refrescos…


“…Podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo

Podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos

Podéis tener Corrala, organillos y chulapas

Pero al llegar agosto y el verano, ¡vaya, vaya!

Aquí no hay playa

¡Vaya, vaya!

Y con este buen ritmo y a punto de darme un chapuzón me despido hasta el otoño. ¡Pasadlo de cine!

Hay caballos atravesados en mi garganta / María Jesús Silva

Fotomontaje inspirado en el Poemario de María Jesús Silva

"los caballos entraron por la ventana y llegaron hasta la cama. eran jóvenes, relinchaban y hacían movimientos de cabeza para que fuera con ellos. de sus bocas salía un vapor cálido que… 

fue la noche en que aprendí a volar"

" la noche vuelve a estos campos de rejas verdes y grises, a este aroma de mar que salpica las tibias y refresca. quiza mañana haya caballos en la playa y sol. quizá alcancemos la última montaña"

Gracias, María Jesús, por hacerme galopar, volar, soñar, emocionarme y atragantarme con este maravilloso poemario, que ha sido galardonado con el Premio Facultad de poesía José Ángel Valente. 

Eres una gran poeta. Tus cinco poemarios publicados te avalan. Y una mujer intensa, apasionada, habitada por duendes espectrales. De apariencia frágil, como un gorrión, pero tan fuerte y adaptable como ellos.  Alguien capaz de decir sin inmutarse...

"...de pequeña volé y descubrí que existen mundos paralelos a los que llegar para refugiarte. Allí reside el latido, los colores, el miedo, el amor y la poesía'

Llueve en Lisboa. El galán del café “A Brasileira”


Llegó a la mesa con dos gotas lluvia en la esfera del reloj, entre las nueve y el cuarto, y olor a Lavanda Inglesa. 

Nuestras mesas estaban pegadas, pero él no sentía ninguna curiosidad vecinal. Esperó paciente a que retiraran el servicio anterior.

Miraba más allá del día nublado, del vaho de la puerta de entrada, de los grabados en las paredes que evocaban aventuras coloniales; de los espejos y las lámparas de bronce del Café.

De vez en cuando sonreía. Contenido. Y sus ojos se achinaban dándole un aíre pícaro de galán.

A veces movía los labios como si rezará o le hiciera confidencias a su yo de ahora, más viejo, más solo o más ensimismado.

Por fin el camarero lo avistó. Un vaso de agua y un café.

Pagó con una moneda que dejó justo en el centro de la palma del camarero. Lo hizo repasando con los dedos los contornos del dinero y de la mano del empleado, que se dejaba hacer.
Fuera... la lluvia. Dentro... tintineos, murmullos y aromas de café, repostería y abrigos húmedos.

Antes de abandonar el Café, recorrí con un dedo, como haría un ciego, el mango de buena madera de su paraguas negro, comprobé en mi cámara la foto robada y me perdí entre la lluvia mansa y los turistas del Chiado.

¿Las fotos mienten?¿Sugerir es crear?

  “La gente dice que las fotos no mienten, las mías lo hacen”. David Lachapelle
 Un día luminoso, una ligera brisa, unas cervicales elásticas y mi cámara es todo lo que necesito para  rastrear mundos ocultos en los edificios en construcción.
 Decía Robert Frank que  “Lo importante es ver aquello que resulta invisible para los demás”.


“A través del ojo fotográfico se puede ver el mundo bajo una nueva luz; un mundo en su mayor parte inexplorado y desconocido; un mundo que aguarda ser descubierto y revelado”. Edward Weston

 

Como Trent Parke “Estoy siempre persiguiendo la luz. La luz convierte en mágico lo ordinario”.


“Describir es destruir, sugerir es crear”. Robert Doisneau

 ¿Mienten o no mienten las fotos? para mí que mienten, y estamos hablando de fotos, no de fotomontajes

La niña que cambió sus zapatos de charol por unas zapatillas de abuelo

Suela contra suela, los zapatos permitidos de la cesta son todos más pequeños que mis preciosos zapatos de charol

La monjita, ocurrente y entusiasta durante todo el cambio de vestuario, ahora parece contrariada:

-Uf, niña, que pies tan grandes tienes- Son para caminar mejor- me dan ganas de responder, cual lobo de Caperucita.
La monjita cavila inmóvil, con sus gafas de lupa en las que me veo reflejada parece un insecto dispuesto para el ataque. De pronto se da una palmadita en la frente, como si jugara a voltear cromos, y desaparece.

Regresa con unas zapatillas de abuelo. Ante su regocijo por el acierto con la talla, no soy capaz de decirle que son horrorosas. Ella suspira resignada cuando, mi pie largo pero estrecho, naufraga en la barca de paño a cuadritos grises y marrones.

- Por probar nada se pierde-murmura rebuscando en los cajones de la ropería que ella gobierna
Mientras la monja cose una goma a mis nuevas zapatillas para que no las pierda, miro por la ventana,  la higuera del patio me observa boquiabierta, parece tan asustada como yo.
He llegado al Internado vestida a lo Shirley Temple y unas horas después llevo el pelo cortado a trasquilones, un vestido feo, calcetines de chico y unas zapatillas de abuelo. 

No quiero llorar, así que imagino que hay unos zapatos especiales para cada momento de la vida.
¿Dónde está Tesa?
Y me despido de mis zapatos de charol sin nostalgias. Tengo siete años y medio y por primera vez me me siento mayor y reflexiva en exceso, como si esas zapatillas de viejo me anclaran al suelo y en ese mundo reducido siento que todo es intenso y extraño. 
Me siguen gustando los zapatos bonitos, y es en lo único en lo que me permito gastar por encima de mis posibilidades.  

En mi vida no estan permitidas las zapatillas de andar por casa pero..., si veo unas de abuelo, sonrío y siento un extraño impulso de calzame unos zapatos de charol, trepar a los tejados y bailar de puntillas por el alero como una titiritera temeraria. 

Caza menor en el Parque del Retiro. Madrid, Spain

Fuente del Ángel Caído. Me encanta este Lucifer
Cuando deambulo por el Parque no busco nada concreto, pongo la cámara de fotos y el cuerpo en automático y me dejo llevar.  Mientras muevo las piernas, me oxigeno, me divierto, apunto y... disparo.
  La tamborilera me mira con recelo
 ¿Conspiración del Ejército Imperial?
 ¿Negociación?
 Mitin infantil. El orador es un poco acartonado, pero simpático
 Si no te gusta la gaita...doble ración
Si lo tuyo es la percusión, tres tambores mejor que dos
 Señor abrumado por las proporciones de los monumentos
 "No actúo como alguien que quiere participar como artista"
Vale, majo, yo tampoco
¿Complicidad amorosa o cleptomanía?
 Mamá, papá, ¿seguro que aprobateis la Física en el Cole?
 Ni ella es Caperucita Roja ni yo soy el Gato con Botas, nena
  Eso es lo que tú te crees, minino
Ahí delante hay un lago, árboles exóticos, cisnes, patos, tortugas, peces de colores...Pero nada puede competir con la fascinación que sienten por su pantallita
Ejercicio al aire libre con estilo
Visito una de las Exposiciones del Retiro  y parece que alguien me lanza un mensaje subliminal o ¿será que me he vuelto un poco suceptible con la edad?
Y por último una pieza de "caza mayor" de la serie de reflejos de la fuente del General Martínez Campos que podéis recordar AQUÍ

Impermeable al desaliento...

... ¡Me he regalado unas cejas nuevas! por mi cumple.
Cuando llegué a casa con mis cejas recién puestas, me sentí muy Frida Kahlo. Aunque las mías no sean tan cejijuntas ni tengan esa personalidad única y divina de la Kahlo.
La reforestación de mis cejas ha sido posible gracias al  Microblading, un tatuaje semipermanente en 3D, ejecutado con maestría por una chica bella y talentosa.
Como dice en su web:
 ¿Duele?
¿Mucho? No
Me miro en los espejos y no me veo sin flequillo. 

Aunque, al levantarme con las cejas puestas, salir de la ducha con ellas  y seguir el trajín del día a día sin preocuparme de si están o no están me den ganas de peinarme a lo María Callas.
Lo mío con las cejas ha sido un sin vivir desde mi primera Comunión, donde me crecieron asilvestradas por cortármelas unos meses antes, pasando por mi primera boda, seguidora de la moda  de cuanto menos pelillos en la cara y más en la cabeza mejor.
Decía Coco Chanel que “Puedes ser preciosa a los treinta, encantadora a los cuarenta e irresistible durante el resto de tu vida”. Pero de cejas, que yo sepa, no hay nada escrito. 
En mi caso, era ingenua en la veintena, estaba en mi mejor punto en la treintena y en la cincuentena por fin supe lo que no quería. Y ¿mis cejas?  Impertérritas iban desapareciendo por el camino.
 ¿Querré ser irresistible el resto de mi vida? 

Porque además de cejas nuevas empiezo a vestirme de ¡colores!, después de 15 años de todo negro, que encontrar algo en mi armario a la primera es un trabajo para arqueólogos vocacionales
¿Se te ocurre qué estará tramando mi alocada mente afectada por la sesentena?