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¿A dónde va la memoria cuando se pierde?

Decía Einstein,  que sólo  deberíamos guardar en la memoria lo que quepa en un bolsillo. Quizá por eso nuestro cerebro se rebela contra el atiborrado trastero memorial y hace una limpieza selectiva cuando le parece. 
Suele dejarnos intacta la memoria de lo que fuimos en  origen, y nos va liberando de las cotidianidad, de lo que soñamos ser y, sobre todo, de  lo que creemos que somos, que suele ocupar demasiado espacio.
Me inquieta perder la memoria, lo confieso, porque siento que lo que soy ahora es algo ya sucedido que tiene que ver más con lo que recuerdo y cómo lo recuerdo que con lo que he vivido en realidad.
Y  ya metida en este berenjenal, te pregunto a ti,  clavando mi pupila en tu pupila,  ¿sabes tú acaso  a dónde va la memoria cuando se pierde?

Desde luego,  no está en Mi Almacén de los Días Perdidos, porque ya he mirado.

El Síndrome del príncipe destronado

Los niños tienen una manera trágica de enfrentarse a cualquier situación que los incomode, que los desconcierte…

Y qué hay más desconcertante para un niño todavía pequeño que llegue un nuevo bebé a casa que se convierte en el centro de atención y requiere tantos cuidados que sus papás son abducidos por el intruso, mientras que él se hace invisible.


Decir que son celos es demasiado simplista.

¿Cómo gestiona un niño que los mayores insistamos en que de repente, sólo por tener un hermanito bebé, se ha hecho mayor?
El “príncipe destronado” merece que le dediquemos un tiempo especial sólo para él, donde sienta que nadie ni nada podrá arrebatarle la dosis de amor y dedicación incondicional que cualquier niño merece.

En estos días de ausencia bloguera ha habido algunos cambios en mi reino más cercano, que ahora está habitado por dos princesas, felizmente con trono propio cada una. 
Y hablando de tronos, otras realezas sí deberían pensar en dejar el suyo, para regocijo de coleccionistas de antiguallas.

¿Por qué lloro en el Circo? ¿Por qué río cuando tengo ganas de llorar?

 
 Lloro en el Circo, porque imagino que el payaso nos hace reír para olvidar su propio dolor... 

...que el trapecista sufre de vértigo, pero está enamorado del porteador... 

...que el domador es temerario con los leones y apocado con los humanos. Y que los animales fingen que están domesticados con su cuerpo manso, su mirada triste y su corazón salvaje.

Será por eso que mientras fotografío a estas personas me pregunto con un nudo en la garganta:

¿Qué querrán ocultar o tal vez gritar desde su efímera envoltura circense de reinas por un día?
Decía Nietzsche que el hombre es el único animal que sufre tan intensamente que ha tenido que inventar la risa...
...y el disfraz... y el CIRCO

Estar como una regadera

Dueto marino, que no Mariano a ritmo de bolero...

...En un bote de vela mi pato navega
Que te lleve el viento muy lejos, amigo.

Este  bote es muy cutre para navegar,
rumbo a no sé dónde… Puedo naufragar...
Busca una isla muy lejos de aquí, 
donde en el verano podamos huir...


Ah, empieza septiembre y me pongo en modo otoño, aunque todavía falte un rato.  Y es que el otoño me pone en forma. El otoño es muy emocional, y a mí me gusta estar donde el corazón me lleve. 

Huelo a bosque húmedo, a playa solitaria...
y al instante me siento en casa. 
 
Pese a mi fobia al verano, añoro un poco mi azotea, donde puedo estar como una regadera* sólo con la excusa de que el calor me vuelve loca. 
Una vez oí que "todos somos el loco de alguien" Yo soy mi propia loca, y menos mal, porque la locura es mi único remedio para mantenerme cuerda. 

*"Estar como una regadera" : se dice de la persona excéntrica que se aparta de la norma y se muestra extravagante en el vestir, el hablar o en la forma de llevarse o traerse por la vida. 

Y tú que me lees ¿eres más tirando a excéntrico o a normal?

Un spa en la azotea

Se dice que “De Madrid al cielo” así que para escapar del infierno veraniego de esta ciudad  de asfalto, circulación intensa y gentío… con temperaturas extremas que me vuelven loca, me montó un spa en la azotea,  y me olvido de que... aquí no hay playa, vaya, vaya, como cantaban Los Refrescos…


“…Podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo

Podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos

Podéis tener Corrala, organillos y chulapas

Pero al llegar agosto y el verano, ¡vaya, vaya!

Aquí no hay playa

¡Vaya, vaya!

Y con este buen ritmo y a punto de darme un chapuzón me despido hasta el otoño. ¡Pasadlo de cine!

Hay caballos atravesados en mi garganta / María Jesús Silva

Fotomontaje inspirado en el Poemario de María Jesús Silva

"los caballos entraron por la ventana y llegaron hasta la cama. eran jóvenes, relinchaban y hacían movimientos de cabeza para que fuera con ellos. de sus bocas salía un vapor cálido que… 

fue la noche en que aprendí a volar"

" la noche vuelve a estos campos de rejas verdes y grises, a este aroma de mar que salpica las tibias y refresca. quiza mañana haya caballos en la playa y sol. quizá alcancemos la última montaña"

Gracias, María Jesús, por hacerme galopar, volar, soñar, emocionarme y atragantarme con este maravilloso poemario, que ha sido galardonado con el Premio Facultad de poesía José Ángel Valente. 
Eres una gran poeta. Tus cinco poemarios publicados te avalan. Y una mujer intensa, apasionada, habitada por duendes espectrales. De apariencia frágil, como un gorrión, pero tan fuerte y adaptable como ellos.  Alguien capaz de decir sin inmutarse...

"...de pequeña volé y descubrí que existen mundos paralelos a los que llegar para refugiarte. Allí reside el latido, los colores, el miedo, el amor y la poesía'

Llueve en Lisboa. El galán del café “A Brasileira”


Llegó a la mesa con dos gotas lluvia en la esfera del reloj, entre las nueve y el cuarto, y olor a Lavanda Inglesa. 

Nuestras mesas estaban pegadas, pero él no sentía ninguna curiosidad vecinal. Esperó paciente a que retiraran el servicio anterior.

Miraba más allá del día nublado, del vaho de la puerta de entrada, de los grabados en las paredes que evocaban aventuras coloniales; de los espejos y las lámparas de bronce del Café.

De vez en cuando sonreía. Contenido. Y sus ojos se achinaban dándole un aíre pícaro de galán.

A veces movía los labios como si rezará o le hiciera confidencias a su yo de ahora, más viejo, más solo o más ensimismado.

Por fin el camarero lo avistó. Un vaso de agua y un café.

Pagó con una moneda que dejó justo en el centro de la palma del camarero. Lo hizo repasando con los dedos los contornos del dinero y de la mano del empleado, que se dejaba hacer.
Fuera... la lluvia. Dentro... tintineos, murmullos y aromas de café, repostería y abrigos húmedos.

Antes de abandonar el Café, recorrí con un dedo, como haría un ciego, el mango de buena madera de su paraguas negro, comprobé en mi cámara la foto robada y me perdí entre la lluvia mansa y los turistas del Chiado.

¿Las fotos mienten?¿Sugerir es crear?

  “La gente dice que las fotos no mienten, las mías lo hacen”. David Lachapelle
 Un día luminoso, una ligera brisa, unas cervicales elásticas y mi cámara es todo lo que necesito para  rastrear mundos ocultos en los edificios en construcción.
 Decía Robert Frank que  “Lo importante es ver aquello que resulta invisible para los demás”.

“A través del ojo fotográfico se puede ver el mundo bajo una nueva luz; un mundo en su mayor parte inexplorado y desconocido; un mundo que aguarda ser descubierto y revelado”. Edward Weston
“Describir es destruir, sugerir es crear”. Robert Doisneau

 ¿Mienten o no mienten las fotos? para mí que mienten, y estamos hablando de fotos, no de fotomontajes

La niña que cambió sus zapatos de charol por unas zapatillas de abuelo

Suela contra suela, los zapatos permitidos de la cesta son todos más pequeños que mis preciosos zapatos de charol

La monjita, ocurrente y entusiasta durante todo el cambio de vestuario, ahora parece contrariada:

-Uf, niña, que pies tan grandes tienes- Son para caminar mejor- me dan ganas de responder, cual lobo de Caperucita.
La monjita cavila inmóvil, con sus gafas de lupa en las que me veo reflejada parece un insecto dispuesto para el ataque. De pronto se da una palmadita en la frente, como si jugara a voltear cromos, y desaparece.

Regresa con unas zapatillas de abuelo. Ante su regocijo por el acierto con la talla, no soy capaz de decirle que son horrorosas. Ella suspira resignada cuando, mi pie largo pero estrecho, naufraga en la barca de paño a cuadritos grises y marrones.

- Por probar nada se pierde-murmura rebuscando en los cajones de la ropería que ella gobierna
Mientras la monja cose una goma a mis nuevas zapatillas para que no las pierda, miro por la ventana,  la higuera del patio me observa boquiabierta, parece tan asustada como yo.
He llegado al Internado vestida a lo Shirley Temple y unas horas después llevo el pelo cortado a trasquilones, un vestido feo, calcetines de chico y unas zapatillas de abuelo. 

No quiero llorar, así que imagino que hay unos zapatos especiales para cada momento de la vida.
¿Dónde está Tesa?
Y me despido de mis zapatos de charol sin nostalgias. Tengo siete años y medio y por primera vez me me siento mayor y reflexiva en exceso, como si esas zapatillas de viejo me anclaran al suelo y en ese mundo reducido siento que todo es intenso y extraño. 
Me siguen gustando los zapatos bonitos, y es en lo único en lo que me permito gastar por encima de mis posibilidades.  

En mi vida no estan permitidas las zapatillas de andar por casa pero..., si veo unas de abuelo, sonrío y siento un extraño impulso de calzame unos zapatos de charol, trepar a los tejados y bailar de puntillas por el alero como una titiritera temeraria. 

Caza menor en el Parque del Retiro. Madrid, Spain

Fuente del Ángel Caído. Me encanta este Lucifer
Cuando deambulo por el Parque no busco nada concreto, pongo la cámara de fotos y el cuerpo en automático y me dejo llevar.  Mientras muevo las piernas, me oxigeno, me divierto, apunto y... disparo.
  La tamborilera me mira con recelo
 ¿Conspiración del Ejército Imperial?
 ¿Negociación?
 Mitin infantil. El orador es un poco acartonado, pero simpático
 Si no te gusta la gaita...doble ración
Si lo tuyo es la percusión, tres tambores mejor que dos
 Señor abrumado por las proporciones de los monumentos
 "No actúo como alguien que quiere participar como artista"
Vale, majo, yo tampoco
¿Complicidad amorosa o cleptomanía?
 Mamá, papá, ¿seguro que aprobateis la Física en el Cole?
 Ni ella es Caperucita Roja ni yo soy el Gato con Botas, nena
  Eso es lo que tú te crees, minino
Ahí delante hay un lago, árboles exóticos, cisnes, patos, tortugas, peces de colores...Pero nada puede competir con la fascinación que sienten por su pantallita
Ejercicio al aire libre con estilo
Visito una de las Exposiciones del Retiro  y parece que alguien me lanza un mensaje subliminal o ¿será que me he vuelto un poco suceptible con la edad?
Y por último una pieza de "caza mayor" de la serie de reflejos de la fuente del General Martínez Campos que podéis recordar AQUÍ