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La soledad conectada. No sin mi móvil

Estamos más solos que nunca, pero nos consolamos creyendo en la ficción de acariciarnos los unos a los otros con la yema de los dedos a través de una pantalla.
 ¿Qué importa lo que ocurre a nuestro alrededor?

Al otro lado de la pantalla de nuestro móvil, en la “dimensión desconocida” siempre encontraremos a alguien dispuesto a prestarnos atención, aunque sea irreal e irrelevante.
 …siempre habrá un foro y otro solitario enganchado..."alguien" que nos escuche
 …y NUNCA estaremos solos si nuestro pequeño teléfono portátil está ahí, al alcance de nuestros ojos y dedos.
No utilizo Internet en el teléfono, ni wasap, ni soy usuaria de las Redes sociales, salvo de este Almacén y otro blog al servicio de mi libro para niños.
¿Soy rara, anticuada, snob?
 
¿Acabaré mis días dando de comer a las palomas, haciendo  tapetes y colchas de ganchillo, escuchando recopilaciones de música en CD o coleccionando inútiles bibelots?

Os confieso que, aparte de seguir utilizando mi celular con tapa (¿a qué es mono?),...

...I have a dream, sueño con un robot que se ocupe de todo lo que me aburre mientras me dedico a ¡vivir!, desconectada eso sí, no sólo de la Red sino de la realidad cuando me plazca.
Y puesta a soñar, me pido un segundo robot con manos hábiles que me haga masajes siempre que me apetezca.

Donde se ponga un androide como éste, que se quiten los “teléfonos inteligentes”, que no son tan guapos y encima los tienes que masajear tú.

¿Qué opinas de todo este desvarío? No te cortes. Bienvenidas/os al debate.


Nota: para el fotomontaje del Robot he utilizado fotos de Internet, el resto de imágenes son de mi autoría, como siempre.

Desnudo integral y sexo animal

Creo que ha llegado la hora de dejar mi vena infantil aparcada y ocuparme de asuntos de adultos. Y qué mejor que un desnudo y algo de sexo, me dije.

Excepto las gafas de aviador, que me he puesto para que no me reconozcan mis familiares más mojigatos, el resto es ciento por ciento mío, real y carnal.
 
Lo que me gusta de esta foto es la pose de cruce forzado de pies y puños y esa expresión de “acaba ya, que me caigo y la vamos a liar”.

Y sin más más dilación vamos a las escenas de sexo, que os presiento impacientes.
-¿Vienes mucho por aquí? ¿Te ha dicho alguien que eres preciosa?
-¿…?
-Ay, nena, puedo hacer que veas fuegos artificiales, que las mariposas del mundo revoloteen alrededor de tu buche...

...que te sientas la Paloma de la Paz... Que mi pico recree un Paraíso en cada relieve y hueco de tu cuerpo…
Segundos más tarde…

-¿Qué tal he estado? ¿A qué ha sido bestial?
-Oh, sí, geniaaaal. No me he puesto aplaudir por no perder el equilibrio.

(El macho saca pecho, se le dilatan las aletas de la nariz, se le enturbia la mirada…)
- Entonces, ¿quedamos mañana, no? Eh, eh, nena, ¿adónde vas…?
Mira que os lo tengo dicho hembras y machos del Universo, nunca preguntéis después del sexo. NUNCA. Porque lo más probable es que os mientan u os rompan el corazón. 

-¿Qué quien soy yo para daros consejos? Os daré una pista, antes formaba parte de un trío muy famoso entre los católicos. En las fotos de promoción siempre salía en el centro. 
Éramos tres, pero uno..., y hasta ahí puedo desvelar.

Quemadito y la nieve que borra los caminos



Quemadito confundió su ovillo de lana rojo con una bola de fuego que saltó de una hoguera.
Pobre gatito quedó hecho un montón de carbón. Menos mal que cerró muy fuerte sus ojos y los salvó de las llamas.

Carapiedra apareció en la playa rodeada de huellas de gaviota.
Nadie sabe quien la dibujó. ¿Un cangrejo, un caballito de mar, una sirena, el rey Neptuno con su tridente? ¡Uhmm! Misterio.

Cuando el Hada de los tejados se fue a remojar los pies en la playa, casi pisa con el dedo gordo a Carapiedra.

-Oh, que niña tan bonita- y le puso un botón en el pecho que se puso a latir como un corazón de melón, de melón, melón, melón…

Y conjuro por aquí y conjuro por allá, el Hada le hizo a Carapiedra una falda chula con un pétalo de amapola.

Tiñó el lazo rojo de su coleta con la tinta de un calamar enfadado. Y hasta encontró unas botas de muñeca perdidas en la arena.

Carapiedra y Quemadito se hicieron amigos. Vivían felices cerca del mar en la copa de un árbol que habían decorado con hilos de colores y bagatelas brillantes.

Un día, empezaron a caer del cielo unos copos enormes. Quemadito, que nunca había visto la nieve, corrió despavorido de un lado para otro hasta que se perdió.

La nieve había borrado los caminos. Todos los amigos de Carapiedra se pusieron a buscar a Quemadito. Los ositos Ben y Javi le preguntaron al hombre que quería irse a casa.

-No, no le visto. Yo sólo quiero llegar a casa y comerme una rica sopa caliente.

-Hola, señor, ¿ha visto a Quemadito?-preguntó Ariadna.
-No, guapa, no he visto a nadie, sólo quiero irme a casa. Y siguió su camino, deseando que nadie más le interrumpiera.

Pero una cebra garbosa le salió al paso y haciendo una cabriola le preguntó si había visto a Quemadito.
-No, gimió el hombre, yo sólo quiero irme a casa a comerme mi sopa calentita.

Quemadito temblaba, y del susto no podía ni pensar ni caminar, pero el pollo Friolero le ató el cordón rojo a sus pelos chamuscados y tiró del gato hasta acercarlo a la playa donde había visto a Ariadna y Marina buscándolo.

Friolero dejó a Quemadito en la playa nevada, protegido por un paraguas rojo.
-No, no he visto a Quemadito – le dijo el señor que quería irse a su casa.
-Es que yo soy Que-que-que-madi-i-too- le contestó el gato tiritando.
-Pues no te muevas, que así te encontrarán y podré volver a mi casa por fin.

-Vamos, Quemadito, no tengas miedo, la nieve es sólo agua congelada, cuando salga el sol se derretirá. Y los caminos volverán a aparecer, le animaba Ariadna.

Marina había añadido lana roja al ovillo de Quemadito y era tan grande que el gato lo seguía entusiasmado sin pensar en el miedo que le daba la nieve que borraba los caminos.

-Oh, Quemadito estás a salvo- gritó Carapiedra. Muchas Gracias por tu ayuda, Ariadna,
-Gracias también a Marina, a Friolero, a los ositos, a la cebra... Y disculpas al señor que llegó tarde a casa porque todos le paraban para preguntarle por Quemadito.

Y así fue como Quemadito, después de esta aventura tan blanca y tan fría, aprendió a disfrutar de la nieve que borra los caminos. 
FIN

Cuento para Ariadna y Marina que me inspiran y me hacen reír.