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Madrid en construcción, las pasiones y el sentido de la vida

 
El hombre es un ser inacabado, un enigma que se mueve entre la insatisfacción y el deseo.
 
Es un misterio que la primera necesidad del hombre sea buscar la felicidad y encontrar sentido a su existencia.
 
Y para misterio, el mío que me ha dado por fotografiar con pasión Madrid en obras: andamios, escombros y las mallas que envuelven los edificios en construcción, heridos o abandonados.
 
Pero ya lo dijo Oscar Wilde “las mujeres están hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”
Y si veo belleza o me seduce Madrid en construcción, no le busques sentido… siempre he sido rarita.
 
Aunque ser raro sea un concepto estadístico y lo que me haga trepar a los andamios sea un truco de mago para no perder la esperanza o…
…me ocurra como a Confuncio, que compraba arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir. 
 
¿Qué son las pasiones reales o inventadas? Algo con lo que entretener la mente para olvidarnos de que estamos condenados a desaparecer; algo para engrasar el corazón y que no se nos pare de espanto.
 
Pero lo más probable es que no sea nada tan rebuscado y sólo confirme lo que afirmaba Voltaire:
 “Yo, como Don Quijote, me invento pasiones, para ejercitarme”…
 
…o que me ha dado por ahí, porque me voy acercando a la edad de la jubilación, y todos sabemos que a los jubilados les fascina mirar obras. Y a mí, encima, fotografiarlas.  

Otoño en Madrid (primera toma)


Mariluchi embarca en  el vagón 4020 que indica su etiqueta. Ventanilla superior, destino: Arca de Noé.

Disfrazada de paquete postal, la jirafa suspira esperanzada y sonríe bajo la mordaza de papel que la envuelve.

Positiva y naif trata de comunicarse por telepatía con el marinero universal: “Noé, cielo, no te marches sin mí”.   

Hay un ligero temblor en el tacón izquierdo, cuando las deportivas plateadas se acercan. A dos centímetros del asfalto, el tacón derecho levita con melancolía equilibrista. Amor a ras del suelo.

Pero sus dueños pasan de largo ajenos al flechazo.
A la vuelta de la esquina una zapatilla plateada se abre en canal, la otra pisa una caca de perro. Enfadado el portador, las arroja a una de las escasas papeleras que hay en Madrid. Entra en un Chino y se compra unas chanclas Havainas de imitación.

Mejor morir de amor, que no haber amado nunca.  

Cuando llega el otoño, las sombrillas se recogen en los soportales como monjes cistercienses. Rezan o dormitan pegadas a los muros.

Me conmueve su porte resignado. Siempre creo que me miran y me van a desvelar un misterio por la abertura negra de sus capuchas.
 

El influjo del otoño ha disparado mis sueños, que vagan a su antojo y se dejan fotografiar como espíritus aventureros entre las patas del caballo del Señor Rey Don Felipe III.

Volved a mí, les digo, después del clic. Y ellos se burlan de mi extraña melancolía, y se van a grabar un programa de sustos, con Iker Jiménez


Cae desmayada sobre el capó del coche. Tiembla un segundo. Percibo el leve crujido de la savia secándose en sus venas y musito un Réquiem por las hojas caducas que mueren en otoño.

Un golpe de viento hace que vuelva a volar, como una mariposa herida, antes de estrellarse contra el asfalto.

No es personal, le digo, es el otoño. 

La niña que llevo dentro o Mari Tere está linda la Mar

Autorretrato

Cuando tenía 7 años, decidí partirme en dos. Desde entonces, Mari Tere y yo somos un binomio (+) (-) separado por un cuerpo.

-No te preocupes, yo cuidaré de ti -le dije entonces a la niña que llevo dentro, secándome las lágrimas de un manotazo.

Mari Tere es intrépida, aventurera, alocada, es mi energía, mi parte tierna, mi equilibrio.

Ahora ella cuida de mí.
 
 Cuando siente que me agriso, que me oxido, que tengo telarañas en la azotea o se me enmohece el corazón…
 

…Mari Tere me susurra: recuerda, “hay otros mundos pero están en éste”

Ella es capaz de encontrarlos y arrastrarme a esas realidades paralelas.
Me adentro en su Twilight Zone, en su dimensión desconocida, en su balneario mágico, y a mi regreso me siento ligera y audaz.

 


No soporto el calor y, encima sin vacaciones, me quejo. Y ella me lleva a refrescarme en los aspersores de los parterres de la ciudad.

Ay, Mari Tere, debe estar linda la mar… y tu perro Telesforo me hace reír con su cuerpecillo de salchicha y su pelota amarilla como los pollitos en primavera.

Recuerdo cuando queríamos ser indios del Canadá, qué tiempos de oscuridad aquellos, Mari Tere… 

(la foto de la foca para hacer el fotomontaje es de internet)
 Y a Canadá que nos vamos, pero ya no queremos ser indios de las praderas, sino salvar a las focas, que los hombres matan a palos, a pesar de sus ojos tiernos, a pesar de que son bebés preciosos e indefensos y la humanidad entera pueda prescindir de su martirio.
 
Ay, Mari Tere, el hombre es una bestia… Así que no me dejes

 

Anda, ve y recorta estrellas de la azul inmensidad para hacernos pendientes y abalorios. Carga tu barquito de papel de caracolas rumorosas que nos cuenten con qué sueñan las sirenas…
 

…Pregunta a Neptuno por qué la luna riela y en la lona gime el viento. Qué hace rugir a las olas y voluble a la marea.

Mari Tere, ¿está linda la mar…? Y ella me contesta viento en popa a toda vela:

…qué es mi dios: la libertad,

mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.

El tendero poeta

  

Cuando la luna “enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño”, Samuel, el tendero poeta, acaba su jornada de trabajo, apaga las luces de su comercio, cierra la persiana metálica y se aleja por el Paseo.
Apenas el sonido de sus pasos se mezcla con el run run del tráfico, empieza el jolgorio en el interior de la tienda.

Los tomates cherry, en procesión, sacan el cuaderno donde Samuel escribe sus poemas en bengalí.

Ya está la piña con su tocado de fiesta en primera fila, y los espárragos como soldaditos verdes en formación. Las uvas se arraciman para conjurar la soledad.

-Qué alguien traduzca los versos- grita descarado el nabo picante.

Y las bolsitas de té importado se prestan gustosas saltando desde las estanterías.

-Que empiece ya, que el público se va- corean gamberras las sandías, entrechocando unas con otras.



Ay, como lloran las cebollas emocionadas con los versos de amor. Las lechugas rizadas suspiran agitando sus onduladas cabezas, y los pepinos y calabacines bailan pegados.

Sobre el borde de una caja, el pimiento verde se marca una tarantela, mientras el cebollino y la hierbabuena le hacen cosquillas a las patatas y las frutas sueñan con madrugadas de rocío y tardes tomando el sol…

La jam poética termina al alba.

A dormir- ordena el perejil, que le gusta estar en todas las salsas, mientras los tomates cherry, a ritmo de conga, dejan el cuaderno debajo de la caja registradora. 


El sol se despereza dibujando un camino de luz en la acera de la tienda. Samuel abre la persiana y empieza una nueva jornada, todas idénticas de lunes a domingo. Sin descanso.

Hace casi diez años que dejó Bangladesh en busca de un futuro mejor. Cree que tiene 37 años, aunque tampoco lo sabe con certeza.


Ha sido un placer conocerte, Samuel. Gracias por enseñarme tus poemas, por dejar que hiciera las fotos y que contara esta historia a mi manera.

Ojalá, poeta,  que el camino hacía ese futuro que sueñas no sea muy duro. ¡Que las Musas te acompañen!