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Panchito no quiere ser un gato domesticado


Panchito y el salvavidas de la playa de mi barrio en Barcelona al atardecer (collage digital)



Panchito no quiere ser un gato amaestrado, asustado y adocenado. Él es un aventurero que asume las consecuencias de sus decisiones, un espíritu libre con pensamientos salvajes.
Está harto de que lo quieren rescatar y salvar a toda costa, de que le ordenen cómo tiene que vivir, a quien querer; a quién odiar y hasta a quién adorar.
Panchito tiene a veces deseos de bufar con fuerza y despertar a los que se quejan sin mover el culo o echan la culpa de todos sus males a los demás. Y muchas más de largarse a Siberia o a la Patagonia, que en lenguaje gato es hacer lo que le da la gana sin dar explicaciones.

En ocasiones Panchito actúa y deja que los demás piensen que es un gato complaciente que se rige por sus normas absurdas y sus tradiciones rancias, aunque en el fondo de su corazón de gato sabe que a nadie le importa nadie lo suficiente, por lo que es una pérdida de tiempo pasarse media vida tratando de gustar a los demás.

Niño amarillo, con su melancolía habitual, nos aporta este subrayado en palabras de Benjamin Franklin, uno de los presidentes más lúcidos de EE UU:
"Aquellos que cederían la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad"


¿Qué hacemos con la tristeza?


Foto “Interior en New York, de Joel Meyerowitz” intervenida por Tesa (clica para ampliar)


La consulta de carlota  al Almacén (si clicas en "carlota" vas a su blog)
“¿Qué hacemos con la tristeza que va instalándose hasta en el cemento que nos rodea, cómo abrir la puerta a la ilusión, a la esperanza, sobre todo después de leer la prensa cada día, etc.?”

Respuesta de Tesa
Querida Carlota: aquí en el Almacén parece que somos muy alegres, pero estamos más chiflados que otra cosa, no nos tomamos demasiado en serio y siempre tenemos alguien a quien amar, algo que hacer y un sueño por cumplir. Con esto y la receta caserita que te voy a dar seguro que vas a notar una pronta mejoría. Apunta:

Mucho humor. Reírse de uno mismo es el de mejor calidad.

Ama a alguien. Puede ser persona, animal o vegetal, pero ama.


Deja que te quieran, aunque sea tu gato, tu perro, tu loro o el vecino del quinto.
Disfruta con y de las pequeñas cosas: una puesta de sol, el olor de la lluvia, un buen libro o peli, un café, una charla con los amigos…

Sé tolerante; nadie es perfecto (ve el final de la peli “Con Faldas y a lo Loco” y lo entenderás)
 
Sonríe al menos tres veces al día; relaja los músculos de la cara y tu cerebro se engaña y ordena al cuerpo producir endorfinas. Droga legal y gratis.
Llora al menos una vez al mes; puedes emocionarte, ver un dramón, consultar tu nómina o el saldo de tu cuenta, pero deságuate.
 
Canta. Si tienes oído cualquier cosa y en cualquier momento. Si sólo tienes orejas, canción ligera y debajo de la ducha.
 
Sueña despierta, adaptando el argumento a tu personalidad y deseos más íntimos o hasta inconfesables.
Ten siempre un proyecto en la recámara; no tiene que ser muy importante o sí, pero juega, experimenta, busca y dedica cada día un tiempo a ese espacio personal.
Nota: Si cumples los diez puntos tienes garantía absoluta de que tu tristeza solo va estar contigo el tiempo que le toque por exigencias del guión vital. Si sólo practicas con el nº1, te reirás bastante. Y eso es ya un buen comienzo. ¡Inténtalo y ya nos contarás!

Gato os manda besos mientras lee a Lorca en busca de inspiración y cavila; niño amarillo, que asoma su melancolía ensimismada desde su caja de cartón suspirando, me ha pasado un subrayado muy irónico de un tal Jules Renard:
“Hay momentos en los que todo va bien: no te asustes, no duran”

¿Se cura no saber querer?

Consultorio sentimental y existencial sin ánimo de lucro


Clica sobre la foto para ampliar

Gato inaugura el Consultorio del Almacén atendiendo  la petición de Ada que afirma lo siguiente:
"Me he dado cuenta de que no sé querer, me ha costado tiempo llegar a descubrirlo, pero al final un día lo tuve claro. Me dije:

'a ti lo que te pasa es que no sabes querer'

 Y aprendí  a ir por la vida con mi falta de amor, sin brillo en la mirada y sin lazos que atrapar.

La cuestión es: ¿esto se cura? ¿Hay algún remedio, pócima o conjuro?

Espero su respuesta. Gracias"




Respuesta de Gato

Querida Ada: desde mi sentido común de gato te comunico que amar no es un hecho espontáneo y misterioso como la mayoría de humanos creen, sino que se aprende y se perfecciona con la práctica.

No hay que confundir el enamoramiento, algo bello pero pasajero, con el amor de verdad.

El amor, como la vida, exige además de pasión, comprensión, respeto, compromiso y sobre todo dedicación.   

Dedicación es la clave. Porque si no hay dedicación, las mariposas que revolotean por el estómago al principio, se convierten en gusanos que ni vuelan ni inspiran poemas, y lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos antes de que se conviertan en capullos.

Ada, esta vida dura cuatro suspiros, así que empieza por ponerle brillo a tu mirada. Quiérete con humor y tolerancia. Nadie es perfecto; qué aburrimiento si así fuera.

Ni se te ocurra empezar tu cura de desamor con un ex, un solitario madurito que viva con su mamá, un divorciado o viudo que sólo busque compañía. O un intelectual que te hable de la química del amor y otras zarandajas. ERROR. 

Para empezar a curarte, encuentra un amante joven y fogoso que ponga las pulsaciones de tu corazón en hora punta, aunque esté en paro o con un trabajo precario, como la mayoría de los jóvenes españoles. Y a ser posible que te haga reír. Enséñale si no sabe o permite que te sorprenda.

Juega, suéltate el pelo, experimenta... y deja que un soplo de aíre fresco se lleve tu tristeza. Pero sobre todo cambia de actitud y graba en tu cerebro, el órgano más poderoso en la cuestión amatoria, “estoy disponible para el amor y para intentar amar”  

Niño amarillo me pasó su subrayado especial para ti, de Amado Nervo:
“Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor” 
No lo olvides “no te preocupes de la finalidad del amor”
Deseando que recuperes tu capacidad de amar y de dejar que te amen, te achucha con cariño, Gato
 
Nota: Si algún lector tiene algo más que añadir que no se corte, esto es un consultorio abierto donde el único límite es el respeto.






Conjurando el síndrome postvacacional



¿A que soy el gato más guapo de la blogosfera? Pues no sólo eso, sino que pienso darle un nuevo aíre a este lugar que anda un poco muermo.  

Como podéis ver hemos limpiado y ordenado el Almacén y guardado en una maleta las historias más humanas, extrañas o interesantes para compartirlas a lo largo y ancho de este curso que empieza.


El niño amarillo es el único que no ha cambiado su apariencia, está con el síndrome postvacacional, eso dice  como excusa, y se niega a salir de la caja de zapatos donde vive sin entender este mundo absurdo. De vez en cuando, sale y sin mediar palabra bota su pelota de tiza y suspira expandiendo su olor a azafrán por nuestro limpio y ordenado almacén.  

La chiflada se ha rizado el pelo y de paso le ha hecho la permanente a su lacia melancolía que se agudiza cuando lee la prensa y constata la deshumanización y estulticia de los políticos, la desfachatez de los que tienen la pasta, a los que ahora llaman “mercados” y la inercia de la mayoría de sus congéneres. Aquí anda, por las esquinas, murmurando doliente: “no me lo puedo creer, no me lo puedo creer”
   
- Tesa,  abre plano.



Esta estancia será de momento nuestro laboratorio de ideas. Se aceptan sugerencias.

A mí me gustaría abrir una sección de consultas existenciales, domésticas o sentimentales. Soy un gato muy leído y con mucho sentido común. Niño amarillo es introvertido y solitario, pero seguidor del escritor chino Ling Yutang y de otros tipos por el estilo y nos deja turulatos con su subrayados en amarillo, of course, llenos de sabiduría.

 “Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja”

Y en este laboratorio no nos falta luz. Somos claros, locos, fantasiosos, aunque  impertinentes, cuando se tercia.

Ah, la mejor manera de conjurar la melancolía postvacacional es ponerse en el lugar de los que no han tenido vacaciones y de los que nunca las tendrán. Es un remedio infalible.