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Matar el tiempo, encontrarse a solas con uno mismo o mi añoranza del mar

El filósofo Schopenhauer decía que vivir es lo que ocupa a todos los seres humanos, yo diría sobrevivir, pero que cuando los medios de vida están asegurados no sabemos qué hacer con el tiempo y nos aburrimos.

Así que el siguiente paso que mueve al hombre es escapar de ese aburrimiento. Y “matar el tiempo” se convierte en su objetivo principal.

Pues que quieres que te diga, Schopenhauer, que conmigo has tocado hueso.

Nunca me aburro. Ni siquiera cuando estoy en algún evento por cortesía, por amor o por lo que sea, al que no iría si pudiera elegir.
Siempre encuentro el modo de pasarlo bien, “material literario” lo llamo yo. O ser creativo y jugar con lo que uno tiene a mano.

 
Disfruto del silencio... y de la soledad tal vez porque puedo poblarla cuando quiera. Y lo que más me gusta es no tener nada apuntado en la agenda, y poder ir a mi aire, “sin horarios ni fecha en el calendario”

Parece ser que muchos filósofos creen que tratamos de llenar ese tiempo para no encontrarnos a solas con nosotros mismos.
 
En mi caso, como decía Montaigne:
“Yo no me encuentro a mí mismo cuando más me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero”

Cuando me encuentro a solas conmigo misma, me lo tomo con mucho humor, ternura y condescendencia.
 
“Nadie es perfecto”, me digo rememorando el final de la película “Con faldas y a lo loco”, cuando el personaje que interpreta Toni Curtis desvela a su enamorado que es un hombre disfrazado de mujer estupenda.

Siempre me falta tiempo para jugar, para leer, ver pelis, charlar con la gente que quiero, pensar, vagabundear con la cámara de fotos… así que ni se me ocurre “matar mi tiempo”.


Mi tiempo tiene alas, se encoge, vuela, navega, se me escapa entre los dedos y ni siquiera consigo engatusarlo con mi poca afición a gastarlo durmiendo, así que si a alguien le sobra tiempo para “matar” o para aburrirse que me lo regale. Me haría un inmenso favor.

No soy de las que me aburro, pero sí de las que alucino cuando creo que el mar ha llegado a Madrid, y trepa por las fachadas en construcción o se derrama por el asfalto para aliviar mi añoranza.

Mi imaginación coloca el horizonte a la altura de mis anhelos. Y en vez de “matar el tiempo” lo busco, lo habito y lo disfruto.

Para que necesitamos la Filosofía


Decía el escritor británico,  Somerset Maugham,  que un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol; encuentra niebla, desciende y explica el magnífico espectáculo que ha visto.
Cuando vago por la calles con la cámara, mi mirada se vuelve filosófica y cómplice de Aristóteles, que afirmaba que la finalidad del Arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no copiar su apariencia…
…y que es propio de filósofos poder especular sobre todas las cosas.  Y especulando por aquí y por allá, puedo demostrar que la belleza está en la mirada.
Y llego a la conclusión que con tanto filosofar, sólo trato de encontrar la felicidad, que como decía Voltaire, la buscamos como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Camino, vago, encuadro, especulo, filosofeo… para sacudirme la melancolía y la tristeza. Y es que Séneca nos lo dejó escrito: que la tristeza, aunque esté justificada, es pereza. Y que nada necesita menos esfuerzo que estar triste.
 …Y juego a imaginar que veo el mar que tanto añoro trepando por las fachadas. Juego con la seriedad con la que jugaba cuando era niña, que según  Nietzsche es una prueba de que he alcanzado la madurez.
Y sí, una ya está madura, aunque espero que no me pase como a ciertos hombres que cuando llegan a la madurez ya están pochos, que decía con sorna la abuela de una amiga.
 
¿Y todavía te preguntas para que necesitamos la Filosofía?, pues anota lo que dice Rousseau y no lo olvides:
“Quitad de los corazones el amor por lo bello, y habréis quitado todo el encanto a la vida”


Si quieres recordar Madrid en Construcción I clica  AQUÍ

Madrid en construcción, las pasiones y el sentido de la vida

 
El hombre es un ser inacabado, un enigma que se mueve entre la insatisfacción y el deseo.
 
Es un misterio que la primera necesidad del hombre sea buscar la felicidad y encontrar sentido a su existencia.
 
Y para misterio, el mío que me ha dado por fotografiar con pasión Madrid en obras: andamios, escombros y las mallas que envuelven los edificios en construcción, heridos o abandonados.
 
Pero ya lo dijo Oscar Wilde “las mujeres están hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”
Y si veo belleza o me seduce Madrid en construcción, no le busques sentido… siempre he sido rarita.
 
Aunque ser raro sea un concepto estadístico y lo que me haga trepar a los andamios sea un truco de mago para no perder la esperanza o…
…me ocurra como a Confuncio, que compraba arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir. 
 
¿Qué son las pasiones reales o inventadas? Algo con lo que entretener la mente para olvidarnos de que estamos condenados a desaparecer; algo para engrasar el corazón y que no se nos pare de espanto.
 
Pero lo más probable es que no sea nada tan rebuscado y sólo confirme lo que afirmaba Voltaire:
 “Yo, como Don Quijote, me invento pasiones, para ejercitarme”…
 
…o que me ha dado por ahí, porque me voy acercando a la edad de la jubilación, y todos sabemos que a los jubilados les fascina mirar obras. Y a mí, encima, fotografiarlas.  

Hola, ¿hay alguien ahí?

 
Allí estaban, uno junto al otro en espera de uso, como el conector siamés que se anuncia a sus espaldas.

La mujer de blanco no se atreve a romper el silencio. En su mundo son los hombres los que dirigen las conversaciones, pero los pensamientos son libres, ¡qué caray!

-Hijo, qué mustio te veo y como pasas de mi presencia, qué menos que un “hola, señora.” Pero nada, tú a lo tuyo, con los ojos bizcos sobre la pantalla. Por Alá, que esos aparatos no tienen que ser buenos para el corazón…  


*** *** ***

Una abuela vestida como la Madre Teresa de Calcuta, está  sentada a mi lado en la calle, me observa como si fuera un insecto, teclea el hombre en su iPhone

Eres un insecto, le responde la pantalla.

El hombre gime y hace un gesto con la cabeza como una tortuga saliendo de su caparazón.

-Hijo, ¿te encuentras bien?

El hombre asiente sin mirar a la señora de blanco mientras teclea compulsivo.

No sé quién eres, ni me importa. Insecto lo serás tú.

Es una broma. Mi Nick es Kafka ¿Me agregas como amigo?

El hombre se muerde la uña del dedo meñique, mientras despliega una colección completa de tics.

 Vale… (pausa) Sí.

 Aguarda la respuesta, respirando por  la boca, hiperventilándose.  

 Ok, insecto. Te agrego también.

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El hombre sonríe por primera vez



Y es que como dejó por escrito Ling Yutang, con esa mezcla de filosofía oriental y lucidez:

El hombre es una criatura soñadora, burlona, curiosa, y díscola que ha de llenar su estómago y entretener sus manos y su cerebro. 

Y digo yo, con mi filosofía de andar por casa, que somos criaturas soñadoras que huimos del eco que produce el silencio al otro lado de nosotros mismos.  Donde, arrumbados, nuestros miedos y los anhelos que no nos atrevemos a cumplir nos susurran esperanzados:

Hola, ¿hay alguien ahí?