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El tendero poeta

  

Cuando la luna “enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño”, Samuel, el tendero poeta, acaba su jornada de trabajo, apaga las luces de su comercio, cierra la persiana metálica y se aleja por el Paseo.
Apenas el sonido de sus pasos se mezcla con el run run del tráfico, empieza el jolgorio en el interior de la tienda.

Los tomates cherry, en procesión, sacan el cuaderno donde Samuel escribe sus poemas en bengalí.

Ya está la piña con su tocado de fiesta en primera fila, y los espárragos como soldaditos verdes en formación. Las uvas se arraciman para conjurar la soledad.

-Qué alguien traduzca los versos- grita descarado el nabo picante.

Y las bolsitas de té importado se prestan gustosas saltando desde las estanterías.

-Que empiece ya, que el público se va- corean gamberras las sandías, entrechocando unas con otras.



Ay, como lloran las cebollas emocionadas con los versos de amor. Las lechugas rizadas suspiran agitando sus onduladas cabezas, y los pepinos y calabacines bailan pegados.

Sobre el borde de una caja, el pimiento verde se marca una tarantela, mientras el cebollino y la hierbabuena le hacen cosquillas a las patatas y las frutas sueñan con madrugadas de rocío y tardes tomando el sol…

La jam poética termina al alba.

A dormir- ordena el perejil, que le gusta estar en todas las salsas, mientras los tomates cherry, a ritmo de conga, dejan el cuaderno debajo de la caja registradora. 


El sol se despereza dibujando un camino de luz en la acera de la tienda. Samuel abre la persiana y empieza una nueva jornada, todas idénticas de lunes a domingo. Sin descanso.

Hace casi diez años que dejó Bangladesh en busca de un futuro mejor. Cree que tiene 37 años, aunque tampoco lo sabe con certeza.


Ha sido un placer conocerte, Samuel. Gracias por enseñarme tus poemas, por dejar que hiciera las fotos y que contara esta historia a mi manera.

Ojalá, poeta,  que el camino hacía ese futuro que sueñas no sea muy duro. ¡Que las Musas te acompañen!

Lorca, versos sueltos ilustrados I

 
(Clica en la imagen para ampliar)
UNO
…Tres mil judíos lloraban en el espanto de  las galerías
porque reunían entre todos con esfuerzo media
paloma,
porque uno tenía la rueda de un reloj
y otro
un botín con orugas parlantes
y otro una lluvia nocturna cargada de cadenas
y otro la uña de un ruiseñor que estaba vivo…

(Cementerio Judío, Lorca)
 
Tres mil palestinos lloran detrás de un muro, que es una cárcel, que es un horizonte sin paisaje.
Tienen entre todos un anhelo roto, un botín de piedras, una esperanza cargada de cadenas y un montón de muertos por los que llorar.
(Improvisando, tesa)
 
DOS
Cuando empiece el tumulto de la guerra
dejaré
un pedazo de queso para tu perro en la oficina.
(Niño Stanton, Lorca)
 
Cuando llegué a la oficina, la habían desmantelado, los mismos que  colgaron a tu perro y lo dejaron morir para ahorrarse una bala.
 
Un ejército de parados cala su bayoneta de desesperanza en las listas B de los corruptos, que se ríen  de ellos, de nosotros, y encima quieren comerse mi queso.
(Improvisando, tesa)

Nota de la autora: los fotomontajes están inspirados libremente en los versos elegidos de Lorca, sin tener en cuenta la intención o el contexto del poema completo.


Historias verdaderas que parecen poesía


Una piedra,  algo rojo, un pensamiento, un paisaje

La niña, con falda de amapolas y botas impermeables para que sus pies de grafito no se borren, se hace un lío con las estaciones que alguien saca una detrás de otra:primavera, verano, otoño, invierno...

Sueño con tres leones que se disputan una bicicleta hundida en un río de agua turbias. Nado a su lado y lo que más me intriga es cómo siguen funcionando las luces

Cuando me despierto, miro por la ventana y la primavera se ha largado. Los árboles gimen sin saber si desvestirse de nuevo.

Y una golondrina teje una bufanda en el alero

En el patio de mi casa, un pequeño saltamontes parece desorientado. Lo coloco sobre el tutor de una planta. Parece un guerrero exhausto en medio de una plaza

Al día siguiente descubro que los saltamontes mueren con las alas abiertas como los ángeles

Y es entonces, cuando ocurren cosas como éstas, que me da por escribir historias que parecen poesía