Una mujer con habitación propia

"El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada." (Virginia Woolf)






Ahí arriba, en las nubes, conectada a sus pensamientos más salvajes pero también más tiernos, se relaja, se desnuda de sus miedos, se pone al mundo por peineta, tiende al aire sus rimas invisibles de poeta sin versos...
 
... y le pone alas a su extraña melancolía.

La vida es un yoyó con el que juega, unas veces tensando la cuerda y otras dejando que baile a ritmo lento, al compás de ese corazón grande y loco que asusta a los fonendos.   

En su particular habitación propia, ella es sólo… ella. Una mujer. 


En este fotomontaje he utilizado de fondo una foto preciosa de mi amigo Ñoco, clicando AQUÍ podéis ver el original. ¡Muchas gracias, guapo!  A “ella” la encontré en un balcón de Barcelona hace algunos años.

Amar sin planes, sin promesas, sin pretextos…a ras de suelo

Hay que amar con valor, para salvarse.

Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,

Hay que despilfarrar en una noche

—Que puede ser mil y una— el universo,

Sin augurios, sin planes, sin temblores,

Sin convenios, sin votos, con olvido,

Desnudos cuerpo y alma, disponibles

Para ser otro y otra a ras de sueño.

(Mario Benedetti)

Hoy dejo que el poeta Benedetti me haga casi el post  y, atrevida, uno mi prosa a sus hermosos versos con una confidencia...

...No quiero empalagos, ni convenios ni promesas. Necesito ternura, pasión, risas y mucha complicidad. 
Ser él a ras de sueño y amarlo a ras de suelo. No me importa que me ame para siempre, me importa que me ame.

Y tú ¿cómo quieres que te amen?

Asientos reservados para personas especiales

Se colocó las gafas de sol, temiendo que la fría luz de los vagones del Metro la despertara de su ensueño.

Se sentó en los asientos reservados para “personas especiales”, como si fuera consciente de que lo era. Me senté frente a ella y la observé.

Todavía era guapa, de porte altivo. Olía a Chanel nº 5 y sus ropas, aunque algo ajadas, eran de buena hechura. 

Olvidó los poemas que recitaba en los andenes y entabló un duelo entre recuerdos y opiniones. 
 
 Ah, la Magnani… qué buena actriz…y qué fuerza… Esa sí que era una mujer de armas tomar y no la menganita… (Aquí nombró a la esposa de un político local)”  
Cabeceaba y reía pícara imaginando vete a saber qué.

Los niños la escuchaban fascinados. Algunas almas simples la observaban con rechazo, y se alejaban de aquella mujer extraña que hablaba sola.
 
En un momento nos miró con sorpresa, como si acabara de descubrirnos, y entonces dijo con un deje de ironía:
“Que importa si me llaman loca… Que me encierren en un manicomio… si quieren… Lo prefiero, antes que un hombre no me saque a bailar” 
 
Se meció con nostalgia del algún bailarín amado. 
 
Descolgué la cámara de fotos del cuello. La coloqué sobre mis rodillas para compensar la falta de luz y el movimiento del vagón. Dos únicos disparos. 
 
No quería olvidar a aquella Magnani rubia, que vagaba por los andenes del Metro embrujando a su soledad con versos y soñando con un hombre que la sacara a bailar de nuevo.

Pasiones desatadas y bodas de ensueño. Cuentos locos para niños grandes

Si  tienes miedo a volar y adoras las bodas de velos y encajes… esta historia te partirá el corazón
 
Mei: Ah, siento sus costillas batiendo contra mi pecho. Me ama. Lo amo.

Yûki: Oh, qué placer y que tragedia cuando Cupido te alcanza y estás encadenado. No voy a soportarlo. Se impone un harakiri.

-Mira que eres trágico, Yûki.  Arriésgate. Corta las cadenas. Sólo tienes una vida. 

-Nooo, loco. Te estrellarás. Finge, miente, pero compórtate como un hombre.
 -Eso, eso, compórtate como un hombre- piensa en of el guardián del castillo mirando a  Yûki con lascivia.

El novio duda. Sus emociones disparan flechas de compasión para Mei y de deseo para el guarda del castillo.
Por fin, Yûki, ignorando desmayos y murmullos de comadres, abandona la idea del suicidio ritual y besa con lujuria ninja al mancebo de cota de malla y yelmo velado.

Encajados como piezas de puzle, los noveles amantes se alejan del bodorrio a lomos de una Kawasaki.
Escándalo, es un escándalo…

Escándalo, es un escándalo…
Música de violines, novia despechada… Qué escena, qué plasticidad ese vestido vaporoso a galope en un paisaje desolado…
Un tiempo más tarde, Mei borra las bodas de su agenda vital. 

Ni monja ni ermitaña ni huraña. Ni vello asilvestrado en las piernas ni trampas de araña en la "montaña" como auguraban algunos.

En la actualidad, es usuaria de un servicio de hombres limpios, mañosos y diseñados para el placer con amplia gama de prestaciones.
Entrega a domicilio y recogida en 24 horas. Salvo festivos que puedes disfrutarlos más tiempo y devolverlos en taxi.

El pedido llega a casa de Mei. Firme aquí, por favor, dice el repartidor muy serio y añade...

...Prestaciones solicitadas: colgar cuadros y orientar la antena parabólica…
-¿Y luego…?- inquiero levantando la ceja.
-Luego… ya improvisaremos - me dice Mei con un guiño.
Aunque soy una mujer romántica también soy pragmática y me gusta tener un plan B a mano. Anoto la dirección de “LOS GEMELOS” porque...nunca se sabe.

Y ahora sí, colorín colorado… 
Todas las fotos son de mi autoría excepto la "base" de la foto de novia a la fuga que he utilizado para el fotomontaje. Si el autor la reconoce, espero que no se enfade. 

La Bella Durmiente. Cuentos locos para niños grandes

Nos quedamos en que el Príncipe y la Princesa se casan, viven felices y comen perdices. 
 
Pero los años pasan y los amantes se van mustiando, ensanchando, desplanchando, incomunicando, amuermando… y el deseo se larga por la ventana en busca de otro amor de cuento.
La Bella prueba con frenesí pócimas y ungüentos, técnicas amatorias y hasta se suscribe al Cosmopolitan, pero nada logra “levantar” el deseo de su príncipe, que conjura sus miedos buscando princesas a las que despertar con sus besos de cuento.

Un día la Bella, ahíta de indiferencia y desamor, se derrumba en un sofá-cama de Ikea y  entrega su alma a Morfeo.

El Príncipe no se entera hasta que se le acaban los calzones limpios, las chorreras de sus camisas lucen como acelga en el desierto y sus botas de montar tienen el brillo y la flexibilidad de un calamar disecado.

Desesperado, el Príncipe besuquea a la Bella, pero, oh, destino, sus besos insulsos e interesados no logran despertar a la Princesa. 


Ahora el besucón escribe la segunda parte de la historia donde vuelve a ser romático, esbelto, valiente y enamora a doncellas ingenuas con su falsa apostura de caballero.

Mientras espera que el Hada Fantasía lo libere de su patética existencia, el Príncipe subsiste exponiendo a la Bella en el espacio mínimo de una vieja caravana rodante, para placer de morbosos y nostalgia de románticos fetichistas.

Mientras los curiosos murmuran alrededor de la Bella, tomo una foto para mi colección de fetiches rosas. Y, con una lágrima suspendida en mi pupila, declamo a modo de responso laico estos versos de mi amado Lorca:

Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,

pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.

No está en el aíre ni en nuestra vida…
 
…El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas

es una pequeña quemadura infinita.

Mis queridos chicos grandes, siento emponzoñar con mis noticias vuestro Paraísos infantiles, pero ya va siendo hora de que sepáis que el colorín colorado casi nunca significa que el cuento… ha terminado.
 
Las fotos y fotomontajes son de mi autoría. Asumo cualquier responsabilidad que se derive de este despropósito.

Madrid-Córdoba: flora, fauna, paisanaje y reflexión



Son las 8:15 de la mañana. Hace frío en Madrid y yo con sandalias, única concesión que hago a la ropa de verano, que no me gusta mucho.  

El tren de alta velocidad es cómodo y puntual. En menos de dos horas hemos recorrido los 400 kilómetros que separan Madrid de Córdoba.

El aire es cálido y huele a azahar. Los naranjos nos salen a cada paso todavía en flor o ya con su fruto maduro. Qué bien huele Córdoba.
Las flores inundan las  ventanas y cuelgan en macetas de las fachadas encaladas. Hago posar a Xavi, que, aunque siempre trata de complacerme,  no acepta  engalanar su oreja  con un clavel. 
De los turistas, prefiero a los japoneses. Son entusiastas, curiosos, respetuosos y callados. 
La primera vez que visitamos Córdoba apenas había turismo y era libre la entrada a la gran Mezquita. Ahora se me antoja un parque temático. Me recuerda el cambio que también han sufrido ciudades como Barcelona, Praga, Lisboa…en pocos años.
 No fotografío monumentos ni calles abarrotadas, me quedo con los pequeños detalles.
Le pregunto a este viejo ánade real, que flota solitario e indolente en los fosos de la Muralla, si tiene sentido hoy en día viajar como rebaños de ovejas. Me mira de reojo y mueve una patita. 


Las flores se mecen con la suave brisa que hace soportable el calor.  No sé si la primera flor está naciendo o muriendo, pero me parece muy bella así con el fondo de agua. 
 Me sorprende ver cormoranes  tan lejos del mar posados en un recodo del río.
Trato de encontrar un encuadre sugerente desde el puente romano sobre el río Guadalquivir y de repente emprenden el vuelo. Son majestuosos. 
“Mejor un tiro que una foto”, me dice una señora sonriente. "Las protege el ayuntamiento, no se las puede liquidar”.

Pues a mí me encanta cuando mi nieta de dos años les dice “cuidadito con los coches, paloma, que te pillan las patitas” En Madrid hay muchas lisiadas.

Acoplo mi maciza figura a la curvilínea mujer morena de papel maché, una maravilla de artesanía que me llevaría a casa, si no fuera por mí economía de guerra. Qué curioso que mis piernas encajen tan bien.
Juego de miradas en una tiendecita del centro.
Nuestros sentidos agradecen que los músicos callejeros sean buenos. Nada de cancioncillas folclóricas ni lolailas, buena música clásica bien interpretada.
Los relojes del mercadillo no se ponen de acuerdo, pero sea la hora que sea el calor aprieta.

El bañista lo corrobora invitando al chapuzón desde el balcón del restaurante del mismo nombre. Resulta muy refrescante la figura enmarcada en esos azulones. Está muy gracioso con su bañador vintage.
Me hago un autorretrato con la plaza de la Corredera al fondo. Los espejos brumosos le sientan bien a mi edad. Esta escapada ha sido el regalo de mis 61 cumpleaños. Parecen muchos, pero se me han pasado volando.
Para finalizar este recorrido, os propongo un brindis por las cabras

Las ovejas son siempre domésticas y prefieren vivir en rebaño. Sin embargo hay muchas cabras salvajes en la Naturaleza.
Las cabras son curiosas, independientes y se adaptan bien al entorno.  No sé, pero siempre me han dicho eso de “nena, estás como una cabra” ¿Por qué será? 
 clica sobre las fotos si las quieres ver más grande

Abierto hasta el amanecer “mientras mis ojos se quiebran en el viento”


Sigo a un gato laminado, mitad payaso mitad farandulero, que me conduce hasta la única salida que tiene este callejón de ensueño…

 ..El Almacén, donde los días perdidos  son los ganados. Donde se regalan risas, parches y disfraces para los niños tristes, que nunca dejan de serlo aunque cumplan muchos años.
 
Me sale al paso  el niño amarillo, callado y tímido, botando una pelota de tiza, con la que escribe en Código Morse historias que nadie leerá jamás, mientras colecciona frases que subraya en los libros.

Aquí estamos de nuevo todos esos "yos" que me completan o me enajenan. 

Desde esta reserva apache donde pastan mis pensamientos más salvajes con los más tiernos y apacibles os comunico que...

 ...El Almacén de los Días Perdidos vuelve abrir hasta el amanecer ¡Bienvenidos!

El Almacén en modo ESPERA (STAND BY)

Voy a dejar este Almacén de los días Perdidos en modo ESPERA (Stand by, con la intención de ordenar un poco mis ideas.
Estoy en caos técnico
Necesito que las musas más chaladas de la galaxia de la imaginación me adopten y me den algunas ideas que me diviertan y os diviertan y espero VOLVER en breve, porque esta pequeña locura de blog me ayuda a soportar la realidad más gris. 

Gracias a todas y todos por vuestro cariño y compañía.