¿Qué tal?, me preguntas distraído rozando con tu mano mi espalda.
Qué tal si me miras a los ojos con pasión además de ternura. Qué tal si tu mano se desliza morosa y juguetona o tus labios recorren mi cuello hasta quedarse en mis pechos, no como un niño hambriento de cariño sino como un hombre buscando el paraíso.
Qué tal, amor, si dejamos de lado que estamos viejos para andar jugueteando y que las mariposas en el estómago son cosas de poetas.
Qué tal si ponemos música, velas, nos reímos de tonterías como antes y bailamos pegados.
Qué tal si hacemos una restauración del sistema y volvemos al punto donde todavía creímos que el otro era un misterio, una cima, un sendero con sorpresas por el camino.
Qué tal si paciera en tu cuerpo con la parsimonia de una vaca satisfecha. Explorara en los rincones dónde todavía quedan rescoldos y los aventara… Mordisqueara el lóbulo de tus orejas como un cachorro travieso o dejara que mi lengua hablara en ese idioma que sólo tú y yo entendemos…
Qué tal si nos conectáramos como unos científicos locos en circuito cerrado y nos olvidáramos por un rato de los hijos, de los nietos, de los achaques, del pastillero, del mundo…
-María, cariño, ¿qué ocurre? Te noto extraña.
-Nada, cielo, fantaseaba.
-Qué tranquilidad y qué bonito es el mar ¿verdad?
-Sí, qué bonito