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La loca, la niebla y la magia

 

Alguien que dice conocerme me aconsejó ir al psicólogo. Fui, por si acaso.

El psicólogo me dio de alta a la media hora de hablar conmigo. Dijo que yo era una loca-cuerda sin tratamiento.

A pesar de mi insistencia para que me tratara, me acompañó a la puerta y me dijo:

-      Hala, nena, ve a escampar la boira (ve a esparcir la niebla).

Una expresión que se utiliza en Cataluña para decirte que te largues, pero por si acaso, fui al Bazar de mi barrio, que tienen de todo, y les pregunté si tenían niebla. El chino que atendía el mostrador dijo:

-     ¿Niebla? Sí. Pasillo central a la izquierda, estante bajo…

En el estante bajo había una botella de cristal con luces led dentro, no me pareció niebla, pero por si acaso la compré.

-    Tú, buena suerte dijo el chino- mientras envolvía la niebla sin mucha traza en una hoja de periódico y sonreía pícaro. 


Salí del Bazar, tiré el envoltorio a la primera papelera que encontré y, con la botella iluminada en la mano, fui haciendo grandes eses para esparcir la niebla por el Paseo. Una señora mal carada me abordó.

- Se puede saber què fas ximple? (qué haces tonta) No ves que asustas a los niños.

- Estoy esparciendo niebla, le informé…

- ¿Niebla?  Pero si hace un sol y un calor de collons, res de niebla. Y eso que portas es una ampolla de Nadal (Navidad) del chino. (La mujer mezclaba el catalán y el castellano) Nena, ve al loquero.

Sin dejar de esparcir niebla a su alrededor, como si exorcizara su aura malhumorada, le sonreí.

- Mare meva, fas pena (das pena), nena. Ve al loquero…Y corriendo.

Y, niebla en mano, la loca-cuerda fue en busca de un psiquiatra sin mucha esperanza en su sanación…pero fue de todos modos, por si acaso…


“¿Sabes cuál es el problema de este mundo? Todos quieren una solución mágica a los problemas, pero todos rehúsan creer en la magia”

(Alicia en el País de las Maravillas)


La urraca plañidera y el gato volador


Sube al alféizar inclinado y algo resbaladizo, y seis pisos por encima del bar que lo encandila. Cauteloso olisquea el rastro y evalúa si un salto bastará para conseguir un bocado.

 Él no es uno de esos gatos que se mueven como bailarines de ballet. 
 
El humano con el que comparte piso siempre encuentra huellas y algún destrozo en las ocasiones en que se vuelve loco de aburrimiento y juega a titiritero funambulista.

Trata de recordar cuántas vidas ha gastado ya de las siete con las que se rumorea vienen de serie los gatos…Uhmm … Fue gato abandonado un tiempo… y eso le ha dejado mermadas las reservas.


Acicala su oreja mellada, un gesto que lo tranquiliza, y de repente un golpe de viento cierra la ventana haciendo añicos el cristal.

Una urraca del vecindario, curiosa y atenta a los movimientos del felino, grazna aterrorizada sabiendo con certeza que los gatos no vuelan.

El minino aterriza en la acera. Trata de levantarse ronroneando fuerte para calmar el miedo y el dolor. Tambaleándose, logra llegar hasta el alcorque del castaño, se recuesta sobre un costado, entrecierra los ojos…
foto de internet
Le tiemblan los bigotes mientras se sueña saboreando un cuenco de arroz con gambas peladas y rape. Se estremece de placer.

Los humanos pasan cerca del minino, pero nadie lo ve.  Pese a que la urraca vela al gato inmóvil saltando de un lugar a otro y graznando como una plañidera contratada. El sonido escandaloso nos alerta.

Mi hija toca al gatito, por algo desde pequeña quería ser forense. Está frío… Y apacible. 

Otro humano se une a nosotras y decidimos llamar a los Servicios Municipales para que recojan al minino, tratando de no imaginar lo que harán con él. 
 
La urraca se queda junto al gato en silencio, como si comprendiera por fin que el gatito no se levantará más, haga lo que haga.

“Nunca vi nada tan tierno…”

 Nota: Los animales utilizados para ilustrar este cuento no han sufrido maltrato alguno
 

Ese corazón loco que asusta a los fonendos

El médico juega a las damas sobre mi pecho con el extremo del fonendoscopio buscando el latido que no oye para comérselo. 

Turbado, mueve la cabeza. Sonrío y trato de orientarlo en el tablero de mi tórax

-Mi corazón se esconde, late a deshora a ritmo de lluvia mansa- le susurro…

…A veces, después de saltarse un latido o dos, percibo un leve aleteo, como si fuera un indolente pájaro enjaulado.

Suena así… Clac, clac, clac. Ssshhh…
El médico muy serio mide mi corazón y lo encuentra un poco grande, desgarbado y con una válvula que parece de otro modelo en desuso.

Pruebas. Más pruebas. Nada parece definitivo, ni grave ni leve en este corazón mío que asusta a los fonendos.

Extrasístoles ventriculares, diagnostica exhausto el galeno. Y añade…”muy frecuentes” Después, distraído, deja escapar un uhmmm donde caben tres océanos y un abismo.
Mi corazón se siente titiritero con ese título tan rimbombante otorgado por el doctor, y murmura descompasado: equi...li...briothis is the question.

Los chinos creen que el corazón viene de serie con los latidos contados. Y, el mío, como un perro asilvestrado, ahorra esfuerzos, se hace el muerto y se salta cuando quiere el compás.

Acércate. Pega tu oreja a mi pecho y escucha. 
Primero, silencio.
Luego…el aleteo, como te he contado… ¿Lo oyes?  clac, clac, clac. Ssshhh…

El aleteo es la cuerda que lo pone en marcha de nuevo, y, lo mejor de todo, es que también hace  tic- tac como cualquier otro. Pero cuando siente el tacto frío del fonendo, se hace el muerto, va su aíre y le da por perder el compás.
Si quieres ver los Fotomontajes con más detalle, clica sobre ellos.

Pasiones desatadas y bodas de ensueño. Cuentos locos para niños grandes

Si  tienes miedo a volar y adoras las bodas de velos y encajes… esta historia te partirá el corazón
 
Mei: Ah, siento sus costillas batiendo contra mi pecho. Me ama. Lo amo.

Yûki: Oh, qué placer y que tragedia cuando Cupido te alcanza y estás encadenado. No voy a soportarlo. Se impone un harakiri.

-Mira que eres trágico, Yûki.  Arriésgate. Corta las cadenas. Sólo tienes una vida. 

-Nooo, loco. Te estrellarás. Finge, miente, pero compórtate como un hombre.
 -Eso, eso, compórtate como un hombre- piensa en of el guardián del castillo mirando a  Yûki con lascivia.

El novio duda. Sus emociones disparan flechas de compasión para Mei y de deseo para el guarda del castillo.
Por fin, Yûki, ignorando desmayos y murmullos de comadres, abandona la idea del suicidio ritual y besa con lujuria ninja al mancebo de cota de malla y yelmo velado.

Encajados como piezas de puzle, los noveles amantes se alejan del bodorrio a lomos de una Kawasaki.
Escándalo, es un escándalo…

Escándalo, es un escándalo…
Música de violines, novia despechada… Qué escena, qué plasticidad ese vestido vaporoso a galope en un paisaje desolado…
Un tiempo más tarde, Mei borra las bodas de su agenda vital. 

Ni monja ni ermitaña ni huraña. Ni vello asilvestrado en las piernas ni trampas de araña en la "montaña" como auguraban algunos.

En la actualidad, es usuaria de un servicio de hombres limpios, mañosos y diseñados para el placer con amplia gama de prestaciones.
Entrega a domicilio y recogida en 24 horas. Salvo festivos que puedes disfrutarlos más tiempo y devolverlos en taxi.

El pedido llega a casa de Mei. Firme aquí, por favor, dice el repartidor muy serio y añade...

...Prestaciones solicitadas: colgar cuadros y orientar la antena parabólica…
-¿Y luego…?- inquiero levantando la ceja.
-Luego… ya improvisaremos - me dice Mei con un guiño.
Aunque soy una mujer romántica también soy pragmática y me gusta tener un plan B a mano. Anoto la dirección de “LOS GEMELOS” porque...nunca se sabe.

Y ahora sí, colorín colorado… 
Todas las fotos son de mi autoría excepto la "base" de la foto de novia a la fuga que he utilizado para el fotomontaje. Si el autor la reconoce, espero que no se enfade.