Una mañana fría, siete
grados a la sombra, decido salir a descubrir esos otros mundos que están ahí al
alcance de mi cámara.
He visto cosas en Madrid,
que vosotros no veríais, porque sólo os interesan el reloj de la Puerta del
Sol, la juerga y los bocatas de calamares.
Caminando por el barrio
de Lavapiés me invade la ternura cuando diviso a estos bolardos abrigados por
algún artista del punto. Cada uno lleva un modelito exclusivo.
Directo de la China,
encuentro los ingredientes para un guiso de zapatos, subrayado en amarillo para
las cegatas como yo:
Cocer a 180º durante 15
minutos. Una vez cocidos, consumir en 24 horas. ¡Bon apetit!
¡Un hombre en un balcón
leyendo un libro… y de papel!
Aunque el libro sea de
Ken Follet que a mí me deja fría, se me
empaña la retina por la emoción y estoy a punto de romperme la rodilla con un
bolardo. Pero esta vez sin modelito de punto, desnudo, como lo parió el
Ayuntamiento.
¡Abajo las monarquías!,
pero que nadie me toque a los tres Reyes Magos de Oriente. Tachadme de
romántica pueril, si queréis.
Hay que ser un desalmado
para exponer las cabezas cortadas de Baltasar, Gaspar y Melchor en una vitrina
al alcance de cualquier niño ilusionado con su visita y regalos.
Es cierto que no he visto
Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser, ni siquiera
en la Puerta del Sol……¿Pero no es un rayo de luz esa carita que asoma entre el lío de bolsas y ese escaparate con pieles...
...y esos collares gigantes para mujeres con cuello de Hércules y torso de Schwarzenegger?
Todo lo que no comprendo sale a mi paso, y hasta Alfonso me escribe un aforismo con buena letra en las paredes.
Papá Pitufo clama al
cielo porque los niños de hoy prefieren a Bob Esponja y una niña lo ha
confundido con Papá Noel. Le ha preguntado si estaba a dieta.
-Es que estás muy
flaquito y no vas poder con los regalos. Te lo advierto- Le ha dicho muy
seria.
Sé que todos estos
momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Pero ahí tenéis
la prueba de que “yo estuve allí”
Es hora de comer, Tesa,
-me digo. (Sí hablo conmigo misma. ¿Qué pasa?)
-Esta mujer está
completamente chiflada- os lo advierto.
De regreso a casa y para no caer en la
tentación de perderme más allá de Orión, meto la cámara de fotos en la mochila
hasta la próxima salida intergaláctica.



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