¿Qué hacemos con la tristeza?


Foto “Interior en New York, de Joel Meyerowitz” intervenida por Tesa (clica para ampliar)


La consulta de carlota  al Almacén (si clicas en "carlota" vas a su blog)
“¿Qué hacemos con la tristeza que va instalándose hasta en el cemento que nos rodea, cómo abrir la puerta a la ilusión, a la esperanza, sobre todo después de leer la prensa cada día, etc.?”

Respuesta de Tesa
Querida Carlota: aquí en el Almacén parece que somos muy alegres, pero estamos más chiflados que otra cosa, no nos tomamos demasiado en serio y siempre tenemos alguien a quien amar, algo que hacer y un sueño por cumplir. Con esto y la receta caserita que te voy a dar seguro que vas a notar una pronta mejoría. Apunta:

Mucho humor. Reírse de uno mismo es el de mejor calidad.

Ama a alguien. Puede ser persona, animal o vegetal, pero ama.


Deja que te quieran, aunque sea tu gato, tu perro, tu loro o el vecino del quinto.
Disfruta con y de las pequeñas cosas: una puesta de sol, el olor de la lluvia, un buen libro o peli, un café, una charla con los amigos…

Sé tolerante; nadie es perfecto (ve el final de la peli “Con Faldas y a lo Loco” y lo entenderás)
 
Sonríe al menos tres veces al día; relaja los músculos de la cara y tu cerebro se engaña y ordena al cuerpo producir endorfinas. Droga legal y gratis.
Llora al menos una vez al mes; puedes emocionarte, ver un dramón, consultar tu nómina o el saldo de tu cuenta, pero deságuate.
 
Canta. Si tienes oído cualquier cosa y en cualquier momento. Si sólo tienes orejas, canción ligera y debajo de la ducha.
 
Sueña despierta, adaptando el argumento a tu personalidad y deseos más íntimos o hasta inconfesables.
Ten siempre un proyecto en la recámara; no tiene que ser muy importante o sí, pero juega, experimenta, busca y dedica cada día un tiempo a ese espacio personal.
Nota: Si cumples los diez puntos tienes garantía absoluta de que tu tristeza solo va estar contigo el tiempo que le toque por exigencias del guión vital. Si sólo practicas con el nº1, te reirás bastante. Y eso es ya un buen comienzo. ¡Inténtalo y ya nos contarás!

Gato os manda besos mientras lee a Lorca en busca de inspiración y cavila; niño amarillo, que asoma su melancolía ensimismada desde su caja de cartón suspirando, me ha pasado un subrayado muy irónico de un tal Jules Renard:
“Hay momentos en los que todo va bien: no te asustes, no duran”

¿Se cura no saber querer?

Consultorio sentimental y existencial sin ánimo de lucro


Clica sobre la foto para ampliar

Gato inaugura el Consultorio del Almacén atendiendo  la petición de Ada que afirma lo siguiente:
"Me he dado cuenta de que no sé querer, me ha costado tiempo llegar a descubrirlo, pero al final un día lo tuve claro. Me dije:

'a ti lo que te pasa es que no sabes querer'

 Y aprendí  a ir por la vida con mi falta de amor, sin brillo en la mirada y sin lazos que atrapar.

La cuestión es: ¿esto se cura? ¿Hay algún remedio, pócima o conjuro?

Espero su respuesta. Gracias"




Respuesta de Gato

Querida Ada: desde mi sentido común de gato te comunico que amar no es un hecho espontáneo y misterioso como la mayoría de humanos creen, sino que se aprende y se perfecciona con la práctica.

No hay que confundir el enamoramiento, algo bello pero pasajero, con el amor de verdad.

El amor, como la vida, exige además de pasión, comprensión, respeto, compromiso y sobre todo dedicación.   

Dedicación es la clave. Porque si no hay dedicación, las mariposas que revolotean por el estómago al principio, se convierten en gusanos que ni vuelan ni inspiran poemas, y lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos antes de que se conviertan en capullos.

Ada, esta vida dura cuatro suspiros, así que empieza por ponerle brillo a tu mirada. Quiérete con humor y tolerancia. Nadie es perfecto; qué aburrimiento si así fuera.

Ni se te ocurra empezar tu cura de desamor con un ex, un solitario madurito que viva con su mamá, un divorciado o viudo que sólo busque compañía. O un intelectual que te hable de la química del amor y otras zarandajas. ERROR. 

Para empezar a curarte, encuentra un amante joven y fogoso que ponga las pulsaciones de tu corazón en hora punta, aunque esté en paro o con un trabajo precario, como la mayoría de los jóvenes españoles. Y a ser posible que te haga reír. Enséñale si no sabe o permite que te sorprenda.

Juega, suéltate el pelo, experimenta... y deja que un soplo de aíre fresco se lleve tu tristeza. Pero sobre todo cambia de actitud y graba en tu cerebro, el órgano más poderoso en la cuestión amatoria, “estoy disponible para el amor y para intentar amar”  

Niño amarillo me pasó su subrayado especial para ti, de Amado Nervo:
“Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor” 
No lo olvides “no te preocupes de la finalidad del amor”
Deseando que recuperes tu capacidad de amar y de dejar que te amen, te achucha con cariño, Gato
 
Nota: Si algún lector tiene algo más que añadir que no se corte, esto es un consultorio abierto donde el único límite es el respeto.






Carta a Benedicto XVI desde Somalia



Después de leer la crónica del enviado especial de El País a Somalia, que sintetizo en este escaneo intervenido,  se me ocurrió que quizá Omar, de estar enterado de los fastos del JMJ 2011 en Madrid, http://www.madrid11.com/   le hubiera podido escribir esta carta al Papa.

Hola señor Papa, me llamo Omar, tengo siete años y mi peso se corresponde con el de un bebé. Sé que voy a morir de hambre en cualquier momento, le pido disculpas si mi petición le molesta o cree que es una falta de respeto.

Sólo soy un niño moribundo que todavía sueña.
Ha llegado a mis oídos que es usted el representante de Dios en el mundo, y como Dios ni está ni se le espera ni creo que sepa que existimos, le pido a usted se traiga unos panes y unos peces y trate de multiplicarlos como en un milagro muy bonito que me contó la hermana María.
Sé que está muy atareado preparando su viaje a España donde le esperan un millón de peregrinos venidos de todo el mundo con la ilusión de alimentar su alma con el rezo y su palabra, pero lo que nosotros necesitamos con urgencia es alimentar el cuerpo.
 
Han muerto 25.000 niños menores de cinco años desde que empezó la hambruna; qué palabra tan fea.  Desaparecemos. Niños, adultos, viejos y animales... todos  caen  exhaustos, deshidratados, de un tiro  o por la gracia de una mina, que ya es mala suerte encontrar algo donde no hay NADA, ni siquiera esperanza.
Ilustración de Miquel Barceló de su “Cuaderno de África”
 
Señor Papa, sólo le pido que antes de ir a Madrid pase por Somalia, aunque sea solo un día. Si no le sale el milagro, nos conformamos con el contenido de la mochila del peregrino, que cuando llevas días comiendo NADA o tierra, hasta el agua bendita recalentada nos parecerá manjar de dioses.
 
Ya sé que, como se dice por ahí, es pan para hoy y hambre para mañana, pero si usted nos visita vendrán muchos periodistas a hacerle fotos bendiciendo cadáveres de niños y saldrá en las televisiones y los periódicos con su traje blanco al viento y el mundo entero sabrá que existimos y le importamos a alguien tan importante.

Fotomontaje de Tesa con fotos de Internet
   

¿Qué le ofrezco a cambio de este pequeño favor?
Su mejor sermón con los más pobres de los pobres. Darle sentido a su Iglesia. Practicar la caridad cristiana y el amor con los más necesitados.
«...Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,

sediento y te dimos de beber, o sin hogar y te recibimos, o sin ropa y te

vestimos, o enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver...? En verdad os

digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más

pequeños, lo hicieron conmigo» (Mateo 25, 37-40)
Por favor señor Papa, no nos falle usted también. Tal vez Dios quiera volver por aquí algún día y ya no quede nadie para recibirlo. Y el llamado Cuerno de África se haya ido al cuerno sin que a nadie, ni siquiera a Dios, le importe.
Le saluda,
Omar

Historias Mínimas

AQUÍ 

puedes leer una recopilación de pequeñas historias que tienen su origen en entradas de mi antiguo blog "El Perfume de las Moreras" y  que mi amiga Silvia ha editado para que se puedan leer como un libro, y que publicó en su excelente blog wastedcherry . 

Le doy las gracias porque yo soy muy inútil para hacer estas cosas, pero sí soy la responsable de textos, fotos e incoherencias, si las hubiera.

Un hombre infeliz que se miraba el ombligo

El hombre de mi historia no tenía motivos importantes para ser infeliz. Pero un día, giró sus ojos hacia adentro, se concentró en sí mismo y se inventó un mundo asqueroso que parecía conspirar contra él.

Los párpados se le quedaron abiertos, atascados por el asombro. Las pestañas  se mustiaron añorando la humedad de la emoción y la que provocaba la risa, y los globos oculares al revés le daban un aire de zombi desvalido.



Para disimular el estropicio, el hombre se compró unos ojos.
 

- Los de soñador son los menos comprometidos, dan el pego en cualquier circunstancia – le dijo el viejo artesano, una eminencia en ojos para los que no quieren ver.


El hombre salió a dar un paseo con sus ojos de mentira, orgulloso de que nadie pudiera descubrir su infelicidad, miraba soñador mientras sus ojos de verdad se abrían paso a través del  ombligo, redondo y anudado como sus emociones.


Qué desaguisado. Su corazón ya no era rojo y latía con desgana. Vio como la desesperanza y el resentimiento tejían paranoias entre sus costillas flotantes. Y no hizo nada por  salvar a  la empatía que se ahogaba en una artería taponada por la furia.



Él, que antaño amaba la belleza, se perdió para siempre los atardeceres, que dibujaban con tinta china los paisajes sobre un cielo naranja y malva, las sonrisas enigmáticas, el cruce de miradas y un montón de pequeños placeres que os podéis imaginar.
 
Entre su mujer y  el hombre se instaló una autopista de silencio, cada vez más desangelada, cada día más ancha. Por la noche miraban la tele, es un decir, porque sus ojos de verdad seguían mirando hacia adentro. Una vez en la cama  se daban la espalda antes de dormir.


Entonces él se quitaba sus ojos de soñador, los guardaba con cuidado en una cajita de nácar, y lloraba desconsolado en la oscuridad.




La mujer invisible



¿Desde cuándo no le dirigían la palabra en aquella casa salvo para exigir sus servicios?

¿Mamá, ¿dónde coño está mi camiseta lila? Joder, te he dicho mil veces que odio la Nutela.  ¿Lola, puedes plancharme el pantalón de lino? Ah, vendré tarde, tengo una reunión, no me esperes despierta. Este fin de semana también trabajo.

La hija adolescente mordisqueaba las tostadas mientras seguía con la cabeza y parte del cuerpo el ritmo de la música que retumbaba a través de sus auriculares y mandaba sms con la mano libre.  El marido consultaba su iPhone, tecleaba, sonreía a la pequeña pantalla, chasqueaba la lengua…

La mujer miró a su familia durante un buen rato ¿Quiénes eran aquellos intrusos que la utilizaban, que jamás daban las gracias, ni le dedicaban una sonrisa o le preguntaban cómo se sentía?

El día anterior, Lola fue a la peluquería. Se compró un vestido rojo y un sombrero. Estaba guapa, hasta ella lo reconoció cuando se miró en el espejo un día más para comprobar si seguía siendo visible.  

-Me voy, dijo en un susurro.

-…  

Carraspeó. Me voy, dijo más alto. No sé si para siempre o por una temporada. Tenéis comida en la nevera para una semana, después, tendréis que espabilaros.

Ni siquiera la miraron cuando sonó su móvil. -Bajo enseguida- le dijo al taxista. 

Sacó del bolso un sobre blanco con una carta de despedida e instrucciones para que no se perdieran por la casa solos. 

Comprobó que llevaba el dinero rescatado de un plan de pensiones y recogió la maleta que había dejado en el recibidor.

Adiós, dijo al aire. Y se marcho sin volver la vista atrás.


Summertime de Hopper muy intervenido por Tesa

-Al aeropuerto, por favor terminal dos.

¿Vacaciones o negocios? – dijo el taxista mientras programaba el GPS

Vacaciones- mis primeras vacaciones de verdad en veinte años.

Las calles justo se desperezaban. El aire olía a pan tostado y café.

Por  la radio del taxi emergió como un volcán en erupción la voz de Janis Joplin interpretando Summertime.



Justo una semana después, tal y como Lola había imaginado, se dieron cuenta de que Lola había desaparecido, cuando los platos se amontonaron en el fregadero, la nevera se fue vaciando y la camiseta favorita y el pantalón de lino seguían en el cesto de la ropa sucia.

Tratando de encontrar un indicio que confirmara tan extravagante conducta, impropia de una madre amantísima y de una esposa cabal, dieron con la carta de despedida, que seguía sujeta por el azucarero debajo de una caja de cereales vacía.

SpanishRevolution


 Plaza del Sol de Madrid

Tuve un sueño: que esta España provinciana y llena de complejos se sacudía por fin la indiferencia, la caspa y la apatía y tomaba las riendas con la fuerza, la preparación y el entusiasmo de los más jóvenes.

Cuando desperté: la derecha más rancia y corrupta de Europa se pavoneaba de haberse pasado nuestra spanishrevolution por la ranura de las urnas.


Partidos cuya única bandera es la xenofobia han conseguido concejales por primera vez en ayuntamientos donde la mayoría de los votantes son trabajadores, desocupados y pensionistas con problemas para llegar al fin de mes. Estoy triste y un poco desanimada.

Pero como dice Almudena Grandes: "Elijo la esperanza, porque la virtud del revolucionario es la paciencia" 



 

El enigma del cinco, la isla de Manhattan y la fecha de caducidad



-Tiene que ser un mensaje, ¿si no cómo te explicas que sueñe algo tan raro?

-¿Un mensaje del número cinco? Dice mi pareja en tono burlón.

-No sé de quién es el mensaje, pero reconocerás que no es normal soñar algo así.

-Tus sueños no son normales, cielo.  Siempre me sorprende que recuerdes qué sueñas con tanta precisión.

Ajeno a mi desasosiego, le da un bocado a la tostada mientras consulta la agenda.

-¿Me estás escuchando?

- Te escucho. Has soñado que...

“...el cinco no es una aberración matemática, es un enigma atrapado en las proporciones de la isla de Manhattan”.

-¿Y?

-Genial y raro. ¿Por qué no escribes un cuento?

- Pero ¿por qué el cinco? Ni siquiera me gusta ese número.
Vuelve a su agenda sin más. Ya son muchos años juntos. Y sabe que diga lo que diga seguiré con mi obsesión hasta que encuentre una respuesta que me satisfaga.
Mientras me ducho, me visitan los cinco lobitos, tiene la loba. Los Jackson Five mueven las  caderas en la alfombra del baño… Me visto. Asisto con Delibes a un velatorio en Cinco horas con Mario. Me voy de aventuras con Los cinco, de Enid Blyton, recuento los cinco dedos de las manos, pinto de escarlata las cinco uñas de cada pie y  chequeo los cinco sentidos corporales.
Escribo el número... y  ¡vaya! el C-I-N-C-O  tiene 5 letras. Y es el único número que concuerda su numeral con las letras que se necesitan para escribirlo.
No sé, no me convence…
Los musulmanes oran cinco veces al día, una barbaridad. Yo, ninguna, ¿una temeridad?
Salgo a la calle con la obsesión viajando por mi mente. Sumo los números de las matrículas de coche.  Multiplico por cinco el precio del pan y del periódico. 

Regreso a casa, escucho música, trato de leer, pero no puedo concentrarme. Miro fotos de New York  y…



¿Y si la clave no es el cinco sino Manhattan? Consulto la Wikipedia. Nada. Nada. Nada… ¡Alto ahí!

La isla de Manhattan tiene 21,5 kilómetros de largo

Recuerda, nena, me digo “… el enigma  está atrapado en las proporciones de la isla de Manhattan” Entonces, ¿el cinco? Pura maniobra de distracción. Estoy harta de verlo en las pelis de espías.

La tarde antes del sueño, había comentado con una amiga que me gustaría saber mi fecha de caducidad. Y ahí está. Un regalo de los hados del subconsciente.

57 + 21,5 = 78,5  

Concretamente septiembre de 2033. Me quedan poco más de 21 años. Una vida o un suspiro. De momento voy seguir al pie de la letra lo que decía Voltaire:
“El arte de la vida consiste en hacer de tu vida una obra de arte” 
Así que voy a intentarlo con mucho humor, ternura, empatía, creatividad y un toque de locura. No pienso perder el tiempo.



Ay, minino de mi corazón, y tú más extravagante. ¡Tiene tela el modelito!

¿Te gustaría saber tu fecha de caducidad? ¿En qué cambiaría tu vida?

Él, ellos, nosotros, su dignidad y los bulos sobre los emigrantes



Aunque Aldo sea capaz de comunicarse en siete idiomas, no encuentra trabajo porque todavía no habla ni entiende español.    

Me pregunta si hablo inglés. Un poco y con un acento horroroso, le digo. Se ríe. Y para satisfacer mi curiosidad me cuenta que duerme en una barca. Imagino que su hotel está entre las cubiertas con lona que parecen olvidadas y que no fotografío para no dar pistas.

Come gracias a la generosidad del joven marroquí, fuerte y tímido que arma con pericia una cocina entre las rocas. Él consigue algún trabajo mal pagado y temporal. De momento no les cobran por pernoctar en la pequeña barca, así pueden comprar algo de comida y compartirla.

Es un chef, dice Aldo admirado, haciendo el gesto de chuparse los dedos.


Las cebollas se “pochan” en la cazuela disfrazando de hogar el espigón solitario. Se acercan dos paquistaníes, nos comunicamos en inglés o lo que sea que yo hable. Por suerte, ellos tienen un techo donde guarecerse y trabajo. Se interesan por Aldo y por el chico.  
Me conmueve la limpieza y el orden con que oficia el cocinero, que corta con destreza verduras variadas, acuclillado ante una piedra. Entiendo que no quiere fotos. Nadie me pide nada, ni trata de aprovecharse de mí.
Formamos un extraño grupo: cuatro hombres, una mujer con una cámara y un gato laminado, allí parados entre el azul desvaído del mar y el atardecer naranja del sol que se oculta tras la montaña.
Su dignidad contrasta a su favor con el resentimiento de una mayoría de mis paisanos que culpan a los emigrantes de copar las ayudas sociales, quitarles el empleo y “contaminarnos” con sus costumbres.
Contamíname, mézclate conmigo
que bajo mi rama tendrás abrigo.



Un estudio reciente, desmiente estas injustas cantinelas xenófobas, un estudio hecho por La Fundación La Caixa, nada sospechosa de ser  “izquierdosa” o  el brazo financiero de las hermanitas de la caridad.

“Los extranjeros han permitido contención salarial, incorporación de la mujer al mercado laboral y cinco años sin déficit en las pensiones, pero la sociedad percibe todo lo contrario…

"No es posible cuantificarlo, pero aportan hasta tres veces más de lo que reciben"

Y algunos, como Aldo, lo que reciben se lo da otro emigrante.

En este link podéis ampliar información, si os apetece.



¿Alguien ha oído hablar de este dato en la estomagante campaña electoral?

Gato, que ha vuelto al almacén, Xavi y yo pensamos desconectarnos de los medios hasta el día 22 que, a pesar de todo, iremos a votar a la poca izquierda que nos queda en esta vieja, chocha y caduca Europa.

Espero que nadie imagine que cuando digo “izquierda” me refiero al PSOE.

La rutina y la memoria de los peces


No me pregunten cómo lo han averiguado, pero parece que la memoria de los peces dura sólo 3 segundos, luego olvidan, claro.
Los peces de una pecera hacen miles de veces el mismo recorrido y si les pones un cofrecito de esos simulando una de piratas, en cada vuelta dirán aquello de  Oh, un tesoro, vuelta, Oh, un tesoro, vuelta, Oh, un tesoro…
La pecera de los seres humanos es la rutina. Su tragedia cuando caen en ella es no tener memoria de pez.

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Suena el despertador. Café. Lunes, vuelta al trabajo, un trabajo que no me satisface y que no me atrevo a dejar. La crisis… Yo sí que estoy en crisis. 
Qué cretino es mi jefe y qué ignorante. ¿Por qué lo aguanto? Sí me tocara la lotería… Mis colegas van a la suya, sé que no moverían un dedo por mí, están demasiado preocupados salvando su propio culo.
Vuelta a casa. Hola, ¿cómo te ha ido? Nadie cuenta de verdad cómo le ha ido. La tele, qué cutre, qué rollo. ¿Por qué no la tiro por el balcón y leo un buen libro, escucho blues o bailo la danza del vientre?
Ya casi no hablamos, lo sabemos todo el uno del otro. Qué estupidez, nadie conoce a nadie.
No puedo dormir. Mañana sin falta voy a dar un timonazo a mi vida. No quiero que cuando esté punto de irme al otro barrio mis últimas palabras sean,

“qué desperdicio de vida”

Martes.


Despertador. Trayecto. Trabajo. Trayecto. Tele. Silencio. Insomnio. Pastilla azul. Despertador… miércoles, jueves, viernes…
Sábado. Centro comercial, aperitivo, comida familiar, tele, silencio, insomnio. Whisky. Me olvido de la pastilla azul. 

Domingo… Te miro como si fuera la primera vez que te veo, pero con más ternura y más complicidad. Te dejo dormir un rato más y me voy hasta la playa a ver el amanecer. Desayunamos juntos. Paseamos de la mano y planeamos una escapada. Nos reímos diciendo a la vez, el paraíso puede estar a la vuelta de la esquina, como cuando no necesitábamos casi nada para sentirnos bien.

Mi jefe se ofende cuando le digo que me aburre, que se compre un loro o se tire por un acantilado, que me largo. Mis colegas me vaticinan indigencia, penurias, locura…pero me observan recoger mis pertenencias con un poco de envidia.

¡Rinnnnggggg! ¡Rinnnnggggg!
Oh, el despertador. Lunes. Oh, el despertador. Lunes. Oh, el despertador. Lunes.

Qué tal, amor, si dejamos de lado que estamos viejos





¿Qué tal?, me preguntas distraído rozando con tu mano mi espalda.
Qué tal si me miras a los ojos con pasión además de ternura. Qué tal si tu mano se desliza morosa y juguetona o tus labios recorren mi cuello hasta quedarse en mis pechos, no como un niño hambriento de cariño sino como un hombre buscando el paraíso.
Qué tal, amor, si dejamos de lado que estamos viejos para andar jugueteando y que las mariposas en el estómago son cosas de poetas.
Qué tal si ponemos música, velas, nos reímos de tonterías como antes y bailamos pegados.
Qué tal si hacemos una restauración del sistema y volvemos al punto donde todavía creímos que el otro era un misterio, una cima, un sendero con sorpresas por el camino.


Qué tal si paciera en tu cuerpo con la parsimonia de una vaca satisfecha. Explorara en los rincones dónde todavía quedan rescoldos y los aventara… Mordisqueara el lóbulo de tus orejas como un cachorro travieso o dejara que mi lengua hablara en ese idioma que sólo tú y yo entendemos…
Qué tal si nos conectáramos  como unos científicos locos en circuito cerrado y nos olvidáramos por un rato de los hijos, de los nietos, de los achaques, del pastillero, del mundo…
-María, cariño, ¿qué ocurre? Te noto extraña.
-Nada, cielo, fantaseaba.
-Qué tranquilidad y qué bonito es el mar ¿verdad?
-Sí, qué bonito