Aunque Aldo sea capaz de comunicarse en siete idiomas, no encuentra trabajo porque todavía no habla ni entiende español.
Me pregunta si hablo inglés. Un poco y con un acento horroroso, le digo. Se ríe. Y para satisfacer mi curiosidad me cuenta que duerme en una barca. Imagino que su hotel está entre las cubiertas con lona que parecen olvidadas y que no fotografío para no dar pistas.
Come gracias a la generosidad del joven marroquí, fuerte y tímido que arma con pericia una cocina entre las rocas. Él consigue algún trabajo mal pagado y temporal. De momento no les cobran por pernoctar en la pequeña barca, así pueden comprar algo de comida y compartirla.
Es un chef, dice Aldo admirado, haciendo el gesto de chuparse los dedos.
Un estudio reciente, desmiente estas injustas cantinelas xenófobas, un estudio hecho por La Fundación La Caixa, nada sospechosa de ser “izquierdosa” o el brazo financiero de las hermanitas de la caridad.
“Los extranjeros han permitido contención salarial, incorporación de la mujer al mercado laboral y cinco años sin déficit en las pensiones, pero la sociedad percibe todo lo contrario…
"No es posible cuantificarlo, pero aportan hasta tres veces más de lo que reciben"
Y algunos, como Aldo, lo que reciben se lo da otro emigrante.
En este link podéis ampliar información, si os apetece.
¿Alguien ha oído hablar de este dato en la estomagante campaña electoral?
Gato, que ha vuelto al almacén, Xavi y yo pensamos desconectarnos de los medios hasta el día 22 que, a pesar de todo, iremos a votar a la poca izquierda que nos queda en esta vieja, chocha y caduca Europa.
Espero que nadie imagine que cuando digo “izquierda” me refiero al PSOE.