
Walter Foster, brillantina en el pelo, traje oscuro, zapatos bitono, fuma acodado en la barra del bar del trasatlántico fondeado en el Puerto.
Una pelirroja de ojos grises y temperamento salvaje lo invita a bailar. Su boca roza la oreja de Foster, que se estremece sin perder el compás:
Paso, cierra, paso, salto…
La rana verde aporrea el piano de cola como si no existiera un mañana. Vuelan las notas de una polca-jazz para soñadores del Medio Oeste.

La Harley “Flatheat” de Billy el granjero se acerca ronroneando con su clásico motor V-Twin. Walter espera. Hoy Bill pasa sin repostar. Se oye de nuevo el canto de las cigarras.
-¡Darling, la cena está lista!
Foster se incorpora. El aroma de guisantes con panceta lo anima, aunque le gustaría seguir un rato más agarrado a la cintura de la pelirroja y sentir su merodeador y sensual aliento...
...Paso, cierra, paso, salto
-Mañana será otro día – rezonga Foster-, poniendo en movimiento sus oxidadas rodillas.
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(Original) Tour Lane Road, 1956. Óleo sobre lienzo de Edgar
Hopper
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Como cada atardecer, Walter Foster enciende un cigarrillo, se acomoda en su silla y cierra los ojos... Su momento mágico está a punto de comenzar.
-No tengas prisa, Sugar... No tengas prisa…
