Harto de que niños y coleccionista pasen a su lado ignorándolo, el soldadito legionario, cual Houdini, se libera de su caja de exhibición retractilado incluido, que mira que es complicado, y usando tácticas guerrilleras se arrastra hasta la sección de juguetes musicales.
Toma como rehén un radio-casete de color rojo sangre española y huye de la Juguetería.
El soldadito se adentra temerario en la marabunta de la calle comercial. Por fin encuentra un hueco, donde desfila sin descanso al ritmo de “Soy un novio de la Muerte”
Conmovida por su pequeño tamaño y su temeraria gesta, dejo que una lágrima resbale entre los pliegues de mi bufanda mientras pongo una moneda a los pies del viejo soldadito de plomo.
Ay, no lo puedo remediar, la Navidad me acecha y el espumillón me aprieta la Neurona.
Mi nieta insiste en bailar con el soldadito en cuanto suene “Dale a tu cuerpo alegría Macarena” que es más animado-dice.
-¡Ángel mío!
