El calor cortocircuita mi precaria cordura



"Más amor y menos calor", grafiteo por las paredes dando saltitos sobre el asfalto ardiente, como un bicho raro de esos que salen en los documentales de TV caminando por parajes inhóspitos. 
Ordeno a mi pensamiento cerrar las puertas al verano para que el otoño se adelante con su aire fresco, su luz, olor y color y reanimen a esta momia que “veranea” obsesiva tachando con placer los días calientes del calendario.
Mientras el gato de mi vecino maúlla lastimero añorando un edredón esponjoso de Ikea donde esconderse a ronronear y soñar. Te comprendo, minino.
Intervengo los grafitis que encuentro a mi paso y los acomodo a mi anhelo otoñal. El calor me vuelve majara.
Pregunto a los veraneantes felices ¿por qué les gusta el calor? Los únicos sinceros son los viejos. Me cuentan que les alegra el cuerpo ver pasar a las mujeres ligeras de ropa.

-No importa la edad, todas tienen su encanto-me dice uno- En invierno van tan tapadas que no sabes ni quien te saluda.

-En invierno también podemos estar sexys, señores míos. No hay nada que caliente más que el látex… si sabes cómo usarlo.


 Me vista como me vista y aunque no me mire ni el león de la Metro-Goldwyn-Mayer no soporto el calor.  


Sorprendida por dos goterones de tormenta que se estrellan contra mi balcón, resucito cual momia deshidratada que se esponja. Y, como si esas gotas fueran el elixir de la vida, me pongo en marcha con precaución. El otoño se acerca, me animo. 

-Hola, hola… ¿Hay alguien ahí?

Desconexión por reformas mentales


Con estos “ojos medio abiertos que hablan de mares y desiertos y que os invitan a soñar”, he visto cosas que vosotros no creerías.

  
Todos esos momentos vívidos se reciclarán, se ajustarán o se perderán…como lágrimas en la lluvia. Lo sé. 
Es tiempo de desconectar. Nos vemos a la vuelta. Mimaos

Os dejo una historia de amor en el BLOG de Pizzi y Cato

Estamos como cabras y nuestro corazón es un reloj pesado e inservible...


 … según Haruki Murakami, en “Escucha la canción del viento”

 -Señora cabra, ¿por qué lleva siempre colgado al cuello un reloj que no funciona?-Tiene pinta de pesar mucho y no sirve para nada.

-Sí, es muy pesado, respondió la cabra. Pero es que me he acostumbrado, ¿sabe?, a qué el reloj pese tanto y a que no funcione.


El día del cumpleaños de la cabra, el conejo le regaló una caja adornada con un bonito lazo. Dentro había un reloj nuevo, brillante, muy ligero y que, además, señalaba la hora con precisión.
Contentísima, la cabra se lo colgó al cuello y fue a ensenárselo a todo el mundo…
Y como podéis ver celebró su cumpleaños a lo grande.

Según esta fábula…

…la cabra somos cada uno de nosotros cuando andamos angustiados, el reloj nuestro corazón. Y el conejo, el psiquiatra que nos recuerda que aferrarnos a lo que nos hace infelices es idiota y más loco que estar loco de verdad. 
Así que después de reflexionar e interpretar con imágenes este cuentito, he decidido aligerar mi corazón de miedos, ponerlo en hora y no dejar que la inercia se cargue mis sueños, al menos los que todavía pululan por ahí. 
Claro, que me gustaría encontrar un psiquiatra que se adaptara a mi economía de guerra, supiera contar cuentos tan frikis como éste y fuera capaz de verse a sí mismo como un conejo, porque seguro que a mí… sí  me vería como una cabra. 

¿Qué tal anda tu corazón?

Más Murakami by tesa AQUÍ

Ese hacerse mayor si delicadeza… R.I.P. por unas piernas bonitas

No hace mucho tiempo podría haber estado entre las chicas que lucen sus piernas por ahí arriba con agilidad y buena forma.

A pesar de mi escasa estatura de 1,64, tenía las piernas largas y bonitas. Y digo tenía, porque la artrosis ha pasado por mis rodillas como un escultor loco cargándose su mejor obra.

Donde antes había unas rodillas con los relieves y huecos en su sitio, ahora hay un caos.

Llamadme frívola, pero echo de menos mis piernas bonitas y fuertes que en apenas un mes y medio han pasado a mejor vida. 
He estado de duelo y coja, ahora ya sólo sigo coja y pendiente de que me confirmen que además de la artrosis desbocada, un derrame articular por sobreesfuerzo y un quiste de Baker, puede que tenga el menisco roto…

No me digáis que la edad se lleva en el corazón hasta que sea capaz de olvidar que hubo un tiempo en que tuve unas piernas fuertes y bonitas. 

Ay, este hacerse mayor sin delicadeza…

Hasta pronto


Queridos amigos y bloguers, por motivos laborales "El Almacén" permanecerá en modo "pausa".

Cuando acaba mi doble jornada, lo único que soy capaz de hacer es ponerme en remojo para aliviar el cansancio y desconectar.

Si me pierdo, búscame entre las páginas de un libro

 Adoro leer. Los libros pusieron luz y aventura a los zaguanes oscuros de mi infancia.
Ninguna de mis aficciones puede competir con mi amor por la lectura. Los libros aligeran mi espíritu desde que aprendí a leer,  y siguen ahí  completando y alimentando mi existencia.

Cada 23 de abril, fiesta de Sant Jordi, rosas y  libros alborotan por un día las calles y las plazas de todas las ciudades y pueblos de Cataluña. Es la fiesta más importante y querida por los catalanes.
Siguiendo la tradición, los hombres regalaban una rosa roja con una espiga a su dama. Y las damas un libro a su caballero, pero ahora todo el mundo se intercambia rosas y libros. 

 A esta tradición centenaria, se suma que en 1995 la UNESCO declaró el 23 de abril Día Mundial del libro..
 Feliz Diada a todos los catalanes, feliz día del libro a todos los lectores.
  Y tú, ¿qué relación tienes con los libros?

Llueve y las musas se esconden en las marquesinas del bus

Los árboles se miran al espejo en los charcos del Paseo. En las marquesinas, las chicas que anuncian perfumes parecen tan ausentes y lejanas como mis musas.
Me gusta caminar bajo la lluvia, el paraguas protegiendo la cámara que busca en la otra mano encuadrar “el alma dormida del paisaje".

Remiendo charcos y musas con la intención de dar a luz bellos seres acuáticos, poseída por el espíritu visionario de  Víctor Frankenstein. Conjurando la inspiración que no llega.


El viento se une a la lluvia y voltea mi pequeño paraguas, necesito un héroe que me salve de esta melancolía que me invade cuando llueve en Madrid y las musas pasan de mí.