Los árboles se miran al espejo en los charcos del Paseo. En las marquesinas, las chicas que anuncian perfumes parecen tan ausentes y lejanas como mis musas.
Me gusta caminar bajo la lluvia, el paraguas protegiendo la cámara que busca en la otra mano encuadrar “el alma dormida del paisaje".
Remiendo charcos y musas con la intención de dar a luz bellos seres acuáticos, poseída por el espíritu visionario de Víctor Frankenstein. Conjurando la inspiración que no llega.
El viento se une a la lluvia y voltea mi pequeño paraguas, necesito un héroe que me salve de esta melancolía que me invade cuando llueve en Madrid y las musas pasan de mí.



