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MaxMad, un héroe reciclado

 
 
Me llamo MaxMad y no soy un sentimental. Así que me salto los preliminares babositos de abandono, caída y salvación de todo culebrón que se precie y vamos a lo que vamos.   

Un niño caprichoso jugó dos veces conmigo y me olvidó en el cajón de las barbies. Mi aburrimiento con esas anoréxicas cursis fue total. El pasmao del Kent me ponía de los nervios con sus miraditas y sus intentos de competir con sus pectorales de batracio hervido con los míos de pura roca.

No viene a cuento cómo acabé en el mercadillo de cosas usadas más famoso de Barcelona. Donde raramente ves un niño. Por lo que, que te  rescaten del montón de basura expuesta, depende sólo del capricho de algún friki o chalada como Tesa, que me compró por 4 euros después de un regateo vergonzoso.

Lo primero que hizo al llegar a casa fue bañarme en Fairy y dejarme secando al sol, "para que se achicharren las bacterias", dijo.


Al día siguiente me metió en su bolso junto a un dinosaurio de goma, con más dientes que teclas tiene un armonio, y nos fuimos a la playa.


¡Qué vergüenza, colegas! Pero ella a lo suyo.Ni se inmuta.

Ahora anda eligiendo las fotos para su próximo frikikuento, conmigo de protagonista, claro.

Confidencia susurrada:

Que quede entre nosotros, pero que una mujer más que hecha, casi pasada, siga jugando de esta manera, muy normal no es.

Creo que, como ha tenido una infancia cutre, pues eso, que ahora en vez de darle al trauma y a las pastillitas de colores le da a la chaladura infantiloide.

Si es que hasta se ríe sola… y me habla…

-        Anda, guapo, pon cara de machote y deja que el dinosaurio te muerda un poco la gabardina.

 
(Continuará)