“Creo que podría volverme a vivir con
los animales
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo
mirándolos días y días sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
ni se quejan de su condición;
Ni me
aburren discutiendo sus deberes para con Dios...
…No hay
ninguno descontento
ni tocado por la locura de poseer las cosas.
ni tocado por la locura de poseer las cosas.
Me muestran
el parentesco que tienen conmigo,
parentesco que acepto.
parentesco que acepto.
¿En dónde
las hallaron?
Hoy toca bañar al perro preferido de mi
nieta.
Lo dejo en la ventana para que vaya escurriendo antes de
tenderlo. Influida por la preparación de este post, imagino que se burla de mi condición de animal racional mientras convierte
el tendedero en su playa particular.
¿De verdad, somos el único animal que
ríe, que piensa, que llora? No sé, mi gata siamesa se reía de mí.
Y una vez vi llorar a un caballo mientras lo acariciaba. Tendido sobre un costado sobre la hierba, se moría de viejo. Se llamaba
“AyQueCalor”
Un instante antes de dejar de respirar, una lágrima resbaló por uno de sus ojos.
Las mías hacía rato que fluían sin control.
Con la voz quebrada, el dueño de la
cuadra me dijo brusco, alejándose de allí.
-No digas tonterías, Tesa. Los animales
no lloran.
