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¿Somos animales infelices?

Hoy tomo prestados los versos del poeta norteamericano Walt Whitman para esta serie de fotos de animales hechas en Madrid.
 
“Creo que podría volverme a vivir con los animales
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
 
 Me quedo mirándolos días y días sin cansarme.
 
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
 
…no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Ni me aburren discutiendo sus deberes para con Dios...

…No hay ninguno descontento
ni tocado por la locura de poseer las cosas.
 
Me muestran el parentesco que tienen conmigo,
parentesco que acepto.
 
Me traen pruebas de mí mismo,
pruebas que ellos poseen y me revelan.
¿En dónde las hallaron? 
 
¿Pasé por su camino hace ya tiempo y las dejé caer sin darme cuenta?...” 
Hoy toca bañar al perro preferido de mi nieta.
 
Lo dejo en la ventana para que vaya escurriendo antes de tenderlo. Influida por la preparación de este post, imagino que se burla de mi condición de animal racional mientras convierte el tendedero en su playa particular.

¿De verdad, somos el único animal que ríe, que piensa, que llora? No sé, mi gata siamesa se reía de mí. 
Y una vez vi llorar a un caballo mientras lo acariciaba. Tendido sobre un costado sobre la hierba, se moría de viejo. Se llamaba “AyQueCalor”
Un instante antes de dejar de respirar, una lágrima resbaló por uno de sus ojos. Las mías hacía rato que fluían sin control.
Con la voz quebrada, el dueño de la cuadra me dijo brusco, alejándose de allí.
-No digas tonterías, Tesa. Los animales no lloran.