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Todas queremos ser Houdini

 

Todavía en pleno siglo XXI y en lo que llaman pomposamente el mundo civilizado (más allá, es el infierno), los roles sociales de la mujer tienen tantas capas, cadenas y llaves que muchas veces desearíamos ser Houdini para liberarnos y desaparecer.

¡Qué exagerada!, dirán esas mujeres que son femeninas, pero no feministas (Qué frase tan estúpida, santo cielo).  

Tenemos que ser bellas, misteriosas, pacientes, madres incondicionales, amigas, amantes, enfermeras…,

…esquivas y complacientes, altivas y sumisas, putas y santas, tranquilas y energéticas…

Sólo por ser mujer, cualquiera puede cuestionarte, esquilmar de tu salario un 20 o un 30% por el mismo trabajo, juzgarte, humillarte, maltratarte o liquidarte.
 

Si sueñas, eres una ilusa, si no, una amargada. Si te dedicas a tus hijos con más energía que a tu profesión eres una maruja. Si haces lo contrario, una egoísta desalmada.

 

Nosotras, a cambio, sólo pedimos a nuestra pareja que sea tierno, inteligente, que tenga sentido del humor y, en mi caso, que sea de izquierdas. No podría amar a alguien que vote a la derecha. Aunque si es inteligente debería venir de serie.

A nuestros hijos, que traten de ser felices.
 

Y a nuestros empleadores, gobernantes y demás autoridades, que nos apliquen los Derechos Humanos sin tener en cuenta el género o que nos dejen en paz y no traten de “protegernos” con leyes a la medida de su cortedad y misoginia. Ni de definirnos.
 
¿A qué es fácil? Y es que, digan lo que digan los machistas descarados y encubiertos, somos unas buenazas y así nos va.