Atando cabos, Nena se
hace una bufanda para proteger al pájaro de papel que anida en su pecho.
Un pájaro de vuelos
cortos y sueños largos, que teje y desteje su cobijo para conectar la soledad
de Nena con el resto del mundo.
Porque el pájaro de
papel sabe que un cruce de miradas, una caricia, una palabra pueblan la soledad
en un instante.
Nena ha abierto una
consulta para curar la extraña melancolía de 9.
Número 9, desde una civilización que se desmorona, duda
si abrirse en canal tirando de la anilla de su cremallera, para dejar que su
corazón se oxide, o cumplir la misión imposible que su creador, Shane Acker, le ha encomendado:
“9, tú protegerás el mundo”
Nena ha plantado en su
ventana tomates cherry con los que se engalana;
y plantas aromáticas que le cuentan sus amoríos de primavera que la
savia altera.
El cebollino y la melisa
se entrelazan en las noches de luna llena. El hisopo anda alocado por la
lavanda.
Mientras la menta y la
hierbabuena han decido compartir tiesto, y el perifollo bebe los vientos por la
albahaca, que suspira enamoriscada del orégano que ha huido con un tomate.
Y Nena llora, ríe y sonríe con la poesía que se gastan sus macetas.




