Perdonad mi doncella adolorida esta innoble cabalgadura. No son tiempos éstos para la épica. Ah, si mi pobre rocín flaco levantara la cabeza…
Voto a Dios, malandrín de los potingues, que ese ingenio atravesando mi escarnada nalga no me detendrá, porque los deseos se alimentan de esperanzas y…
…son mis leyes deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal.

Y así fue como aquella dama multidiagnosticada, rescatada por el ingenioso Hidalgo, se convirtió en una achacosa señora de 62 años de buen ver. Y, sin más recetas ni conjuros, decidió ser feliz el resto de sus días.
Y, cuando se mira en el espejo, como un monje cartujo se dice con sorna:
Morir tenemos. Ya lo sabemos.
Pero, mientras llega la Parca, voy a pasarlo lo mejor que se me ocurra.
