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"Aférrate a tu sentido del humor, lo necesitarás todos los días” (T.E. Lawrence, Lawrence de Arabia)



11.11.17

Marieta, la galleta triste que soñaba con la playa

 -Lo siento, linda, le dijo Nora dándole un beso de despedida- pero las galletas no pueden ir a la playa, porque se ponen blandungas con la humedad, como dice mi yaya.
 
 Marieta, muy enfadada, fue hasta el cajón de la cocina donde se guardan los rótulos para las conservas y escribió “galleta triste” lo pegó en su bote y se encerró con dos vueltas de rosca. Antes, quitó de su vista el retrato de Nora.
El Tomate botarate, con su gracejo canario, le contó chistes de cebollinos y otras hierbas, pero Marieta lo ignoró. 
-Anda Marieta, que para triste yo, que siempre hago llorar a todo el mundo, pero una galleta es salada, tostada, amada…no se puede estar triste con esos adjetivos. Pero a Marieta ni siquiera se le empañaron los ojos e ignoró a la  amable cebolla llorona. 
Llegó el turno de los pimientos italianos, tan verdes, tan estilizados y pintureros con sus tutús de ballet que  improvisaron una deliciosa danza. Pero Marieta seguía enfadada y triste y los echó de malas maneras...
Los tenedores circenses eran unos consumados equilibristas y nadie podía verlos sin reírse  cuando el limón, pinchado al final de la torre, pedía socorro  asustado, sudando de miedo con sus gotas cítricas y olorosas.
Un día los amigos de Marieta dejaron de ir a verla, cansados de su indiferencia y mal humor. 
Y la galleta se sintió tan sola que lloró y lloró  hasta que  su encierro se transformó en una mar de lágrimas. Y no podía escapar del bote.
Estaba ya medio pachucha y desecha, cuando la gaviota reidora se posó en el alféizar de la ventana con su alegre hi, hi, hi.
Marieta le dijo con signos que no se podía abrir la tapa, pero la gaviota reidora, que era apañada y audaz, buscó una cuchara y  saltando sobre uno de los extremos hizo palanca y rompió el bote liberando a la galleta triste.

Y la gaviota se llevo a Marieta en el pico  a dar una vuelta para que se secara. Y una vez crujiente la llevó de veraneo a la  playa de Chiquilín, una playa donde las galletas no se ponen blandungas. 
 
Nora fue de incognito  y pudo verlo con sus propios ojos color de cielo.  Pensó que Marieta sería más feliz en aquella playa, que en un bote, por muchos mimos que ella le diera.

Marieta,  la galleta triste de esta historia, recuperó su sonrisa para siempre, y Chiquilín  encontró irresistible el cuerpo redondo y crujiente de su amada, tanto que a veces le daban ganas de darle un mordisquito.

Aquí los puedes ver paseando por la playa haciendo manitas y diciéndose palabras de amor sencillas y tiernas.
Y ahora, que has llegado al final de esta historia, ¿a ver cómo ahogas  a una galleta con leche y te la comes sin sentirte un poco caníbal?

22 comentarios:

Tesa Medina dijo...

Hoy he recuperado un cuento que hice el verano pasado para mi nieta Nora.

Espero que os arranque una sonrisa y os haga sentir frescos y felices como niños.

Me encanta la facilidad que tienen los niños para creerse cualquier cosa, hasta que su mejor amiga puede ser una galleta María que sueña con ir a la playa.

Ando un poco liada, como dicen ahora los jóvenes, y algo desconectada del ordenador, pero os prometo visitaros a todos en breve y ponerme al día.

Muchos besos, mimaos, y tratad de ser felices.

Ah, y garcias por seguir pasando por aquí.



Tracy dijo...

Un lindo cuento que además tiene un final feliz.

diego dijo...

:D Precioso cuento tesiano :) Me lo apunto para contárselo a Adrián, mi Nora masculino. Por mi parte, decido dejar en libertad a mis chiquilines, mis galletas preferidas. Seguro que estarán más felices en esa playa utópica que en mi taza de nescafé :) A ver qué desayuno yo esta mañana... Un beso, Tesa.

Ernesto. dijo...

Pues en un plis-plas... Una y hasta completar la docena :))))

Un bonito cuento de los muchos que les contamos a los peques... y que, como dices, se los "creen" a pies juntillas! Aunque más que creerlos, los viven en lo que tienen de placentero... Ese mundo mágico, y real, para ellos!

Claro que no es tan extraño que "vivan" esas historias inventadas pues nosotros, los adultos, también "vivimos", como "pollos sin cabeza" las que otros nos cuentan. Léase gobernantes, políticos, crisis, economías decadentes, carencias de las mayorías, leyes a medida para las minorías, etc.

Ya lo decía Calderón de la Barca: ¡La vida es "cuento", y los "cuentos, "cuentos" son!

Abrazos, Tesa. No tengas prisa en pasar por los blogs... A tu ritmo!

Lu dijo...

Buen día Tes
Pero que historia más bonita! Imagino a la bella Nora ensimismada en la profundidad de sus ojitos transparentes oyendo tus palabras cantarinas.

Por cierto me ha encantado como se apañaron los amigos vegetales para intentar sacar de su tristeza a nuestra amiga Marieta.

Eso sí, a mi la galletas blandungas...¡nada! No me gustan, pero de todos modos van a parar al laberinto de mi aparato digestivo, lo cual no es tan agradable como ir a esa bonita playa que acabo de conocer. Pues, ahora que lo sé, las dejará partir hacia ella con sus hawaianas, capelinas y gafas.

Abrazo y que tu domingo sea como vos lo quieras

Marina Fligueira dijo...

Efectivamente, me sacó más de una sonrisa y que bueno es tener algo por lo que sonreír... ¡Y a demás se dice que los mayores nos hacemos niños!... Y por lo tanto, he pasado un rato muy agradable, gracias por hacernos sonreír.

Te dejo un besito y mi gratitud.
Ten un feliz domingo.

Lu dijo...

Yo de nuevo. Es que me di cuenta que olvidé decirte que ¡me maravillaron las ilustraciones de esta entrada! Tesa, bellísimas composiciones has logrado. Es un cuento magníficamente ilustrado para niños. (Y para Nos, los adultos y adultas con corazón de niños)
Otro abrazo mi querida artista

llorenç Gimenez dijo...

Hola Tesa.. jeje.. menuda historia de la galleta Marieta, a mi de pequeño nadie me contó un cuento así, ya sabes que no pasábamos de la capuxeta vermella y el lobo feroz, que por cierto era muy erótico, o no..
Yo he de reconocer que las Marietas me las como pero antes las mimo mucho, las unto con mantequilla de nueces, les pongo un poco de mermelada y las suco en la leche, pero es de colacao 0 con fibra, y la verdad es que creo que en mi estomago se siente bien.. o a mi me lo parece..
Un abrazo..

RECOMENZAR dijo...

TODA
UNA
OBRA
DE ARTE

Me encantó. Me encantaria ponerle voz si pudiera


Había una vez una nena llamada...Que amaba las galletas y las mojaba en la leche cuando se despertaba a la madrugada de sueños tan feos...
que la asustaban.......Y mientras comía su cuerpo cambiaba y se transformaba
mientras la mente se adormilaba
Y el REM le llegaba

Framboise dijo...

¡Qué historia más bonita la de hoy! :))
Y qué casualidad con las galletas.
Te cuento: este fin de semana tuve en casa a cinco de mis diez sobrinietos (a los que dios no da nietos, el diablo nos da sobrinietos ;) Y me divertía verlos con su vaso de leche y cada uno comiendo sus galletas de formas distintas (hubo hasta lucha entre dos dinosaurios con chocolate que estuvo a punto de terminar en tsunami de cola-cao :D) Me lo paso pipa con ellos. :)
Me ha encantado todo pero especialmente la postal playera con estas galletitas monas, tostaditas y crujientes tomando el sol. :D
¡Qué suerte tiene tu Nora!
Un beso, abuelita imaginativa. (me recuerdas a la mía ;)

Eugenia Maru http://lulurulitos.blogspot.com dijo...

Vaya imaginación tienes, querida Tesa. Nunca más remojaré una galleta en la leche.
Quisiera leer uno de tus libros, ¿tienes alguno digital?
Me gustaría conocer tus otras facetas, que son muchas.
Un beso

Tesa Medina dijo...

Maru:

Ay, Maru, lo de la imaginación lo tengo muy entrenado, desde pequeña me inventaba mundos paralelos para lo que no entendía, para lo que me aburría o me hacía sufrir.

Si estoy con niños me sale solo entrelazar la realidad con la fantasía.

En cuanto a libros, no tengo ninguno publicado en digital: he escrito diez por encargo par aniños de diversos temas, dos autoediciones y uno muy especial para mí que hice sólo para mis hijos y amigos con fotos y pequeños pensamientos, solo editado manual.

Maru, si me escribes a mi correo y me das el tuyo te puedo enviar un PDF con este último que te cuento.

Un beso, Maru, y mímate.

diego dijo...

Tesa, yo, que soy optimista, estoy convencido de que la imagen que refleja mi viñeta se hará realidad. Curioso lo que me cuentas de Adriá. Mi hijo mayor (de la edad de Adriá, y padre de Adrián) se llama Hugo. En aquella época era el único Hugo en su entorno infantil. Hoy dices Hugo en cualquier parque y se vuelven 10 niños :) Un beso.

Gumer Paz dijo...

Todavía tengo la sonrisa pegada en la cara jajajaja. Qué bonito cuento!
Muchos besos Tesa :)

Ildefonso Robledo dijo...

Que cosa tan bella, amiga... No me extraña que tengas "medio tonta" a tu nieta... La tienes feliz a tope, seguro...

Conchi dijo...

Eres genial con tus cuentos Tesa, es divertido y tierno me ha gustado mucho.

Abrazos.

tecla dijo...

Eres grande y preciosa, Tesa.
¿Cómo nos podemos devorar una galleta triste?
Eso es imposible.
Aunque tu talento lo hace todo posible.


Ando tan despistada que no había descubierto esta entrada.
Un abrazo.

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Bellísimas tus composiciones y muy tiernas al igual que tus letras, cargadas de inocencia y esperanza

Paz&Cariño

Isaac

Hola, me llamo Julio David dijo...

Se ve que en esa cocina conviven elementos de muy buen corazón, preocupados por el bienestar de su vecino. En una de esas Nora debió haberse llevado a la playa a todos los protagonistas de esta historia. De seguro que la pasa mejor antes que con ciertos humanos que de humanidad tienen poco.

Saludos salados!

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

la union hace la fuerza para ello la galleta vuelve a reir y soñar ,gracias por compartirlo en imagenes y palabras Tesa, mis saludos . jr.

Maripaz dijo...

Que maravilla de cuento magníficamente ilustrado querida, Tesa. Me ha encantado. Ahora me voy a pensar muy mucho en comerme una galleta triste...jejeje.
Delicioso.
Gracias, preciosa mía.
Muchos besos y cuídate mucho.

elisa gulminelli dijo...

qué lindo cuento! me dio hambre... galletitas no tengo...