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Cosas que hacer en otoño

Fotomontaje otoño, Tesa
Es otoño. Las hojas de los árboles y a veces los árboles al completo expiran sobre el asfalto de mi ciudad abandonada y sucia.
Centro Niemeyer, Avilés, Asturias
Desde siempre, he preferido el otoño para esas escapadas que rompen la rutina, que a la vuelta recompongo con mimo de artesano. Porque aunque “no hago todo lo que quiero, sí amo todo lo que hago 
Tapón musical, Avilés
Y sin más preámbulos, brindemos ya por esas cosas que hacer en otoño:
Playa de San Lorenzo, Gijón, Asturias.
Aprovechar el aire fresco para quedar con los amigos y dar un paseo.
Equilibrio, Avilés
Dedicar un rato a la reflexión vagabundeando a solas.
Xavi posando para mí, Gijón
Ser un poco irreverentes y no creer en dogmas y consignas que nos acobardan y nos hacen infelices.
Escaparate Tienda "Marvelous" Gijón. Una pasada.
 Sacar a airear nuestro lado salvaje para que no se apolille.
Mesa de bar, Avilés.
 Dejar que nuestro lado oscuro se diluya “como lágrimas en la lluvia”. 
Fújur el dragón blanco de la suerte en Río Piles, Gijón
 Conjurar a los monstruos buenos para que se coman los miedos estancados.
Cerro de Santa Catalina, Gijón
Escuchar música abrazados a nuestro amor o al mejor amigo.
Parque Isabel Católica, Gijón
Meter barriga en las fotos y dejarnos de dietas drásticas que sólo nos ponen de mal humor.
Escaparate Tienda "Marvelous" Mujer barbuda con siamés
Relajarnos un pelín con la depilación y, si la frondosidad pilosa se descontrola, poner un circo.
Puerto deportivo al atardecer, Gijón
  Navegar por la imaginación sin conexión a internet.
Aparcamiento, Avilés.
  Aparcar el coche y mover las piernas que también mueven el corazón.
Playa de San Lorenzo al atardecer, Gijón,
 Poner nuestro pequeño mundo del revés y atrevernos con otro punto de vista más imaginativo.
Playa de San Lorenzo, Gijón
Hacer surf o ligarnos a un surfero/a que nos descubra el punto por donde se dejan cabalgar las olas de la vida.
 
  (Ya sé que más de una hemos pensado en el punto G, ¡cómo somos!)
Playa de San Lorenzo, Gijón, Asturias.
  Dedicar tiempo exclusivo a alguien especial.
Cerro de Santa Catalina, Gijón
Desconectarnos de la pantallita y mirar a los ojos a quienes tenemos al lado.

Iglesia de S. Pedro, Playa de San Lorenzo, Gijón

Pasear en bicicleta… 

Playa de San Lorenzo un día de tormenta, Gijón

…o por la orilla del mar, haga el tiempo que haga.
Playa de San Lorenzo a primera hora de la mañana, Gijón, 

Y cuando dominen las sombras, recordar que “La luz y la sombra son sólo la relación de dos tonos”, que dijo Cézanne.
Ducha colectiva en Playa de San Lorenzo, Gijón
¿Qué tal una ducha en compañía?
Playa de San Lorenzo, Gijón
Ser flexibles o saltarnos esas prohibiciones que nos imponemos o nos imponen… 
Un rincón discreto de la Playa de San Lorenzo, Gijón, 

…y que su incumplimiento no hace daño a nadie. 
Escultura hecha con botellas de Sidra, Gijón
Aprender a beber Sidra. Cualquier asturiano te contará con paciencia cómo debes hacerlo. Los asturianos son cálidos y comunicativos.
Zona de rocas de la Playa de San Lorenzo, Gijón, 
Hacer una escapada por Asturias, porque lo pasarás de cine. Y además te puedes poner un gorro de baño vintage sin que nadie te mire raro.
 
 Y recordad que, como decía la escritora George Sand…
 
Playa de San Lorenzo, Gijón
…“El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno”

Madrid-Alicante. ¿Vemos lo que vemos o lo que somos?

 -¡¿Os vais a Alicante?! Pero si no tiene nada, un castillo y poco más.

 Y entonces, me acordé del gran poeta Fernando Pessoa que decía que…
 “Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”
A nosotros nos basta con que se pueda llegar en tren, no haga mucho calor, tenga lugares para pasear, comer rico, desconectar de la rutina…

 …y un buen pedazo de mar para alegrar la retina y aliviar nuestra añoranza costera.

 Nuestro compañero de viaje, resopla en su asiento.
-¿Eres actriz?-me pregunta.
-No- Me da la risa.

Me mira como si no me creyera. Se encoge de hombros. Se abanica la calva con el billete de tren, se bebe de un trago su botella de agua fría y ronca plácidamente hasta el final.

Xavi me hace esta foto antes de que me convierta en “un viaje”

Recupero mi cámara justo a tiempo de asistir a un cruce de miradas con  un calamar gigante varado en el paseo a la sombra de un ficus centenario.
 

Los buzos del Capitán Nemo piden al ayuntamiento que mantenga el agua limpia, y a los bañistas que no utilicen las playas de ceniceros.

Soy este oso polar atrapado en el Hemisferio Norte de la ensaladera.

Asisto al deshielo de cubitos desde el que emerge mi osezno sin mañana, mientras unos niños dibujan sus “salvemos el Ártico” con los colores más fríos de una caja de Alpinos…


…y un hombre de piernas largas intenta limpiar el planeta que se ahoga ante la desidia de sus habitantes que lo creen infinito como su estupidez.
 Un poco más allá, me siento lobo y aúllo a la luna que se desdibuja en el cielo antes de irse a dormir.
 Y el caballito del Carrusel se suelta de su anclaje y galopa y corta el viento persiguiendo a las gaviotas.


Uf, una mano me protege de las banderas, porque como decía Voltaire, con mucha ironía:
“Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo”
Me siento relajada y plácida como este surfero que camina por encima de las aguas del Puerto.
 Mientras las palmeras se creen aves y las aves se dejan llevar dando un descanso a sus alas.
 Y los nadadores intrépidos (hay bandera roja para bañistas) se montan en roscos que parecen donuts o naves para sirenas.


Y a las sirenas les crecen pies que remojan con añoranza de pez
 Y con los pies en remojo las gaviotas practican el sírvase usted mismo.


Y el sol se ensaña con la calva del hombre que duerme en el césped


Abandonamos la playa por un encuentro con Alí-Babá. Dejando que las paredes nos hablen
…y nos cuenten historias de soñadores que se ponen calcetines para tener playas en los zapatos, se adornan el pelo con mariposas y organizan un circo de fruta confitada mezclando manzanas y caramelos en su boca.


Y hablando de boca, es hora de comer. Somos capaces de soportar con una sonrisa la falta de personal del restaurante. Tardan una hora en traernos el primer plato, pero todo está apetitoso. Los chicos se disculpan y se asombran de que les dejemos propina.
Regresamos a la Estación con tiempo suficiente para perderlo a la sombra de dos ficus abrazados.
 El tren enfila de vuelta a Madrid. Dos horas y 20 minutos. Nos toca un “Vagón de Silencio”. Ni charlas, ni móvil, ideal para leer y relajarse.
Al volcar las fotos de mi cámara en el ordenador, miro por curiosidad en Internet fotos de Alicante (Alacant en valenciano) y entonces confirmo que Pessoa tenía razón:
No es que lo vemos, sino que vemos lo que somos.

Sueños locos de una noche de verano

 El calor me hace insomne, más que soñar, fantaseo. Ando como alma en pena, agotada y  desfondada como esta colega de New York.
Bailo danzas de lluvia ante una mísera gota mientras me deshidrato…
 
Veo el mar en los desconchones de los muros, cual perro flaco que gime mientras sueña con una escudilla repleta de su manjar favorito…
Imagino que soy la mujer del reflejo de la fuente, desnuda y sumergida en el agua, y que la  paloma trae en su patas olor a tierra húmeda y a hierba fresca.
 
Y las gárgolas lloran de alegría mientras cae la lluvia, desaforada, alegre y refrescante…
…Y las gentes entran en la iglesia refugiando su ropa de domingo bajo el paraguas…
 
Y las iglesias cansadas de tanto rezo y oscuridad se largan de juerga con los viejos moteros, que huelen a gasolina, a cuero, a cerveza y a aventura tranquila. 
Y sigo a los moteros con mi bicicleta acuática dejando atrás mi casa en remojo para que se refresque.
 
Llega la noche… y un Ente grafitero salta del muro donde habita, se ríe de mis sueños locos de verano y se bebe con sorna mi sudor antes de que el asfalto lo evapore con saña.
 
En mi locura,  fantaseo con que  el Gobierno, en su afán por recortar, ha suprimido el verano. Por fin,  en el Reino de España se ha impuesto el clima de tres estaciones: otoño, invierno y primavera. 
Sueño y sonrío, es el único recorte de este Gobierno que no me hace llorar.