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La barbarie que se avecina



Decía Groucho Marx, que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Era sólo una frase ingeniosa, pero por aquí, que hay mucho iletrado, se lo han tomado al pie de la letra.

Los nacionalistas catalanes de derechas se han empeñado en que somos un atajo de gorrones, peligrosos y sobradamente preparados por lo que después de hacer un diagnóstico erróneo por un médico de un seguro privado han empezado a aplicar sus remedios:

Eliminar guarderías gratuitas. Los niños que se queden con los abuelos o vayan a las privadas, aunque tengan unas instalaciones penosas y te cobren el catering como si lo cocinara Ferrán Adrià en persona.

Fuera becas de comedor y libros para los niños de familias más necesitadas. Que busquen en los contenedores de los supermercados comida y que miren por encima del hombro del compañero que sí pueda comprar libros.


Menos maestros, que trabajen más horas y aunque tengan alumnos que hablen ocho idiomas por clase, nada de refuerzos extras, que total como no habrá trabajo después para los chavales da igual lo que aprendan.  

Los que no tengan seguro médico privado, deberán esperar de tres a seis meses para operarse, a ver si con suerte se mueren antes y así bajan las listas de espera que ellos han incrementado un 23% desde mayo que llegaron al poder.

Aunque disponen de 65 millones de euros para formación de parados, no hay cursos disponibles. No sea que aprendamos y la próxima vez votemos con un poco más de sabiduría.



Con lo que se ahorran en educación, cerrando unidades hospitalarias, servicios, ambulatorios, reduciendo el salario de médicos y personal sanitario al mínimo (los hay que si sólo trabajan en la sanidad pública no pasan de 800 euros, la media de lo que vale un alquiler en Barcelona), pagan el gimnasio a la policía autonómica, que hay que ver cómo están de machotes.

Los políticos que alientan la chulería de los anti disturbios, les permiten ir de cien en cien contra chavales pacíficos y desarmados y llevar la impedimenta que veis en la primera foto, como centuriones modernos ante una pandilla de galos desarrapados que sin la pócima de Obélix sólo les queda corear consignas de sentido común y justicia, a veces hasta llevan flores y los más salvajes se atreven con pancartas de cartón, papel  o tela.



El 20 de noviembre, hay elecciones generales y según todas las encuestas ganará la derecha en España.

Si no vas a votar aunque sea con una pinza en la nariz, votas en blanco o pasas directamente de votar, serás cómplice de la barbarie que se nos avecina. Vamos hacia atrás perdiendo derechos a un ritmo que da miedo.

Los mismos que las encuestas dan como vencedores ya enseñan la patita por debajo de las autonomías que gobiernan y tienen tanta seguridad en que la gente les consiente su incompetencia, corrupción y desfachatez que hasta pasan de empolvarse la patita con harina para disimular que son lobos.  

Cuando en la política manda la economía por encima de los derechos humanos, estamos a un paso del fascismo.

Panchito no quiere ser un gato domesticado


Panchito y el salvavidas de la playa de mi barrio en Barcelona al atardecer (collage digital)



Panchito no quiere ser un gato amaestrado, asustado y adocenado. Él es un aventurero que asume las consecuencias de sus decisiones, un espíritu libre con pensamientos salvajes.
Está harto de que lo quieren rescatar y salvar a toda costa, de que le ordenen cómo tiene que vivir, a quien querer; a quién odiar y hasta a quién adorar.
Panchito tiene a veces deseos de bufar con fuerza y despertar a los que se quejan sin mover el culo o echan la culpa de todos sus males a los demás. Y muchas más de largarse a Siberia o a la Patagonia, que en lenguaje gato es hacer lo que le da la gana sin dar explicaciones.

En ocasiones Panchito actúa y deja que los demás piensen que es un gato complaciente que se rige por sus normas absurdas y sus tradiciones rancias, aunque en el fondo de su corazón de gato sabe que a nadie le importa nadie lo suficiente, por lo que es una pérdida de tiempo pasarse media vida tratando de gustar a los demás.

Niño amarillo, con su melancolía habitual, nos aporta este subrayado en palabras de Benjamin Franklin, uno de los presidentes más lúcidos de EE UU:
"Aquellos que cederían la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad"


¿Qué hacemos con la tristeza?


Foto “Interior en New York, de Joel Meyerowitz” intervenida por Tesa (clica para ampliar)


La consulta de carlota  al Almacén (si clicas en "carlota" vas a su blog)
“¿Qué hacemos con la tristeza que va instalándose hasta en el cemento que nos rodea, cómo abrir la puerta a la ilusión, a la esperanza, sobre todo después de leer la prensa cada día, etc.?”

Respuesta de Tesa
Querida Carlota: aquí en el Almacén parece que somos muy alegres, pero estamos más chiflados que otra cosa, no nos tomamos demasiado en serio y siempre tenemos alguien a quien amar, algo que hacer y un sueño por cumplir. Con esto y la receta caserita que te voy a dar seguro que vas a notar una pronta mejoría. Apunta:

Mucho humor. Reírse de uno mismo es el de mejor calidad.

Ama a alguien. Puede ser persona, animal o vegetal, pero ama.


Deja que te quieran, aunque sea tu gato, tu perro, tu loro o el vecino del quinto.
Disfruta con y de las pequeñas cosas: una puesta de sol, el olor de la lluvia, un buen libro o peli, un café, una charla con los amigos…

Sé tolerante; nadie es perfecto (ve el final de la peli “Con Faldas y a lo Loco” y lo entenderás)
 
Sonríe al menos tres veces al día; relaja los músculos de la cara y tu cerebro se engaña y ordena al cuerpo producir endorfinas. Droga legal y gratis.
Llora al menos una vez al mes; puedes emocionarte, ver un dramón, consultar tu nómina o el saldo de tu cuenta, pero deságuate.
 
Canta. Si tienes oído cualquier cosa y en cualquier momento. Si sólo tienes orejas, canción ligera y debajo de la ducha.
 
Sueña despierta, adaptando el argumento a tu personalidad y deseos más íntimos o hasta inconfesables.
Ten siempre un proyecto en la recámara; no tiene que ser muy importante o sí, pero juega, experimenta, busca y dedica cada día un tiempo a ese espacio personal.
Nota: Si cumples los diez puntos tienes garantía absoluta de que tu tristeza solo va estar contigo el tiempo que le toque por exigencias del guión vital. Si sólo practicas con el nº1, te reirás bastante. Y eso es ya un buen comienzo. ¡Inténtalo y ya nos contarás!

Gato os manda besos mientras lee a Lorca en busca de inspiración y cavila; niño amarillo, que asoma su melancolía ensimismada desde su caja de cartón suspirando, me ha pasado un subrayado muy irónico de un tal Jules Renard:
“Hay momentos en los que todo va bien: no te asustes, no duran”

¿Se cura no saber querer?

Consultorio sentimental y existencial sin ánimo de lucro


Clica sobre la foto para ampliar

Gato inaugura el Consultorio del Almacén atendiendo  la petición de Ada que afirma lo siguiente:
"Me he dado cuenta de que no sé querer, me ha costado tiempo llegar a descubrirlo, pero al final un día lo tuve claro. Me dije:

'a ti lo que te pasa es que no sabes querer'

 Y aprendí  a ir por la vida con mi falta de amor, sin brillo en la mirada y sin lazos que atrapar.

La cuestión es: ¿esto se cura? ¿Hay algún remedio, pócima o conjuro?

Espero su respuesta. Gracias"




Respuesta de Gato

Querida Ada: desde mi sentido común de gato te comunico que amar no es un hecho espontáneo y misterioso como la mayoría de humanos creen, sino que se aprende y se perfecciona con la práctica.

No hay que confundir el enamoramiento, algo bello pero pasajero, con el amor de verdad.

El amor, como la vida, exige además de pasión, comprensión, respeto, compromiso y sobre todo dedicación.   

Dedicación es la clave. Porque si no hay dedicación, las mariposas que revolotean por el estómago al principio, se convierten en gusanos que ni vuelan ni inspiran poemas, y lo mejor que podemos hacer es librarnos de ellos antes de que se conviertan en capullos.

Ada, esta vida dura cuatro suspiros, así que empieza por ponerle brillo a tu mirada. Quiérete con humor y tolerancia. Nadie es perfecto; qué aburrimiento si así fuera.

Ni se te ocurra empezar tu cura de desamor con un ex, un solitario madurito que viva con su mamá, un divorciado o viudo que sólo busque compañía. O un intelectual que te hable de la química del amor y otras zarandajas. ERROR. 

Para empezar a curarte, encuentra un amante joven y fogoso que ponga las pulsaciones de tu corazón en hora punta, aunque esté en paro o con un trabajo precario, como la mayoría de los jóvenes españoles. Y a ser posible que te haga reír. Enséñale si no sabe o permite que te sorprenda.

Juega, suéltate el pelo, experimenta... y deja que un soplo de aíre fresco se lleve tu tristeza. Pero sobre todo cambia de actitud y graba en tu cerebro, el órgano más poderoso en la cuestión amatoria, “estoy disponible para el amor y para intentar amar”  

Niño amarillo me pasó su subrayado especial para ti, de Amado Nervo:
“Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor” 
No lo olvides “no te preocupes de la finalidad del amor”
Deseando que recuperes tu capacidad de amar y de dejar que te amen, te achucha con cariño, Gato
 
Nota: Si algún lector tiene algo más que añadir que no se corte, esto es un consultorio abierto donde el único límite es el respeto.






Conjurando el síndrome postvacacional



¿A que soy el gato más guapo de la blogosfera? Pues no sólo eso, sino que pienso darle un nuevo aíre a este lugar que anda un poco muermo.  

Como podéis ver hemos limpiado y ordenado el Almacén y guardado en una maleta las historias más humanas, extrañas o interesantes para compartirlas a lo largo y ancho de este curso que empieza.


El niño amarillo es el único que no ha cambiado su apariencia, está con el síndrome postvacacional, eso dice  como excusa, y se niega a salir de la caja de zapatos donde vive sin entender este mundo absurdo. De vez en cuando, sale y sin mediar palabra bota su pelota de tiza y suspira expandiendo su olor a azafrán por nuestro limpio y ordenado almacén.  

La chiflada se ha rizado el pelo y de paso le ha hecho la permanente a su lacia melancolía que se agudiza cuando lee la prensa y constata la deshumanización y estulticia de los políticos, la desfachatez de los que tienen la pasta, a los que ahora llaman “mercados” y la inercia de la mayoría de sus congéneres. Aquí anda, por las esquinas, murmurando doliente: “no me lo puedo creer, no me lo puedo creer”
   
- Tesa,  abre plano.



Esta estancia será de momento nuestro laboratorio de ideas. Se aceptan sugerencias.

A mí me gustaría abrir una sección de consultas existenciales, domésticas o sentimentales. Soy un gato muy leído y con mucho sentido común. Niño amarillo es introvertido y solitario, pero seguidor del escritor chino Ling Yutang y de otros tipos por el estilo y nos deja turulatos con su subrayados en amarillo, of course, llenos de sabiduría.

 “Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja”

Y en este laboratorio no nos falta luz. Somos claros, locos, fantasiosos, aunque  impertinentes, cuando se tercia.

Ah, la mejor manera de conjurar la melancolía postvacacional es ponerse en el lugar de los que no han tenido vacaciones y de los que nunca las tendrán. Es un remedio infalible.

Carta a Benedicto XVI desde Somalia



Después de leer la crónica del enviado especial de El País a Somalia, que sintetizo en este escaneo intervenido,  se me ocurrió que quizá Omar, de estar enterado de los fastos del JMJ 2011 en Madrid, http://www.madrid11.com/   le hubiera podido escribir esta carta al Papa.

Hola señor Papa, me llamo Omar, tengo siete años y mi peso se corresponde con el de un bebé. Sé que voy a morir de hambre en cualquier momento, le pido disculpas si mi petición le molesta o cree que es una falta de respeto.

Sólo soy un niño moribundo que todavía sueña.
Ha llegado a mis oídos que es usted el representante de Dios en el mundo, y como Dios ni está ni se le espera ni creo que sepa que existimos, le pido a usted se traiga unos panes y unos peces y trate de multiplicarlos como en un milagro muy bonito que me contó la hermana María.
Sé que está muy atareado preparando su viaje a España donde le esperan un millón de peregrinos venidos de todo el mundo con la ilusión de alimentar su alma con el rezo y su palabra, pero lo que nosotros necesitamos con urgencia es alimentar el cuerpo.
 
Han muerto 25.000 niños menores de cinco años desde que empezó la hambruna; qué palabra tan fea.  Desaparecemos. Niños, adultos, viejos y animales... todos  caen  exhaustos, deshidratados, de un tiro  o por la gracia de una mina, que ya es mala suerte encontrar algo donde no hay NADA, ni siquiera esperanza.
Ilustración de Miquel Barceló de su “Cuaderno de África”
 
Señor Papa, sólo le pido que antes de ir a Madrid pase por Somalia, aunque sea solo un día. Si no le sale el milagro, nos conformamos con el contenido de la mochila del peregrino, que cuando llevas días comiendo NADA o tierra, hasta el agua bendita recalentada nos parecerá manjar de dioses.
 
Ya sé que, como se dice por ahí, es pan para hoy y hambre para mañana, pero si usted nos visita vendrán muchos periodistas a hacerle fotos bendiciendo cadáveres de niños y saldrá en las televisiones y los periódicos con su traje blanco al viento y el mundo entero sabrá que existimos y le importamos a alguien tan importante.

Fotomontaje de Tesa con fotos de Internet
   

¿Qué le ofrezco a cambio de este pequeño favor?
Su mejor sermón con los más pobres de los pobres. Darle sentido a su Iglesia. Practicar la caridad cristiana y el amor con los más necesitados.
«...Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,

sediento y te dimos de beber, o sin hogar y te recibimos, o sin ropa y te

vestimos, o enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver...? En verdad os

digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más

pequeños, lo hicieron conmigo» (Mateo 25, 37-40)
Por favor señor Papa, no nos falle usted también. Tal vez Dios quiera volver por aquí algún día y ya no quede nadie para recibirlo. Y el llamado Cuerno de África se haya ido al cuerno sin que a nadie, ni siquiera a Dios, le importe.
Le saluda,
Omar

Historias Mínimas

AQUÍ 

puedes leer una recopilación de pequeñas historias que tienen su origen en entradas de mi antiguo blog "El Perfume de las Moreras" y  que mi amiga Silvia ha editado para que se puedan leer como un libro, y que publicó en su excelente blog wastedcherry . 

Le doy las gracias porque yo soy muy inútil para hacer estas cosas, pero sí soy la responsable de textos, fotos e incoherencias, si las hubiera.

La chiflada, el niño amarillo y el gato laminado



Intervención sobre el cuadro de Hopper Carolina Morning

Erase que se era un gato laminado, un niño amarillo y una mujer soñadora, pelín chiflada, que se encontraron un día en un callejón de tinta china y se instalaron los tres en un almacén cochambroso y abandonado, donde se guardan escritas en papel las crónicas de los días perdidos.

El niño amarillo duerme en una caja de zapatos con agujeritos para respirar y hojas de morera. Tiene la facultad de aparecer y desaparecer a su antojo dejando rastros de yeso de su pelota de tiza y montoncitos de azafrán con los que el gato se teje faldas hawaianas.

En el almacén vive también de okupa itinerante una paloma coja que va a su puta bola, y dos ratones que comen palabras como amor, empatía, compromiso, respeto, justicia… dejando abismos entre las frases que dan vértigo.

Han abierto una investigación para averiguar este extraño comportamiento ratonil y, de momento, suspenden la digitalización de los legajos encontrados, que era su idea cuando descubrieron el almacén.  

La chiflada, con un baúl de sueños inconclusos, se ha largado de vacaciones a un paisaje pintado, porque le ha dicho un poeta que…

 … Allí, bajo las raíces y en la médula del aíre
se comprende la verdad de las cosas equivocadas… *
… y que entenderá lo que busca cuando vuele mezclada con el amor y las arenas.

La acompañan el niño amarillo, que ha alquilado su caja-vivienda a unos gusanos de seda, y gato, que quiere dedicar la canícula a perecear pancha arriba y a meditaciones zen.

Por lo que El Almacén de los días Perdidos cierra hasta nuevo aviso.

Con la esperanza de volver renovados, los tres os desean que paséis un buen invierno o verano, dependiendo de dónde os encontréis.

¡Hasta pronto!

(* Versos de Cielo vivo de Lorca)

Un hombre infeliz que se miraba el ombligo

El hombre de mi historia no tenía motivos importantes para ser infeliz. Pero un día, giró sus ojos hacia adentro, se concentró en sí mismo y se inventó un mundo asqueroso que parecía conspirar contra él.

Los párpados se le quedaron abiertos, atascados por el asombro. Las pestañas  se mustiaron añorando la humedad de la emoción y la que provocaba la risa, y los globos oculares al revés le daban un aire de zombi desvalido.



Para disimular el estropicio, el hombre se compró unos ojos.
 

- Los de soñador son los menos comprometidos, dan el pego en cualquier circunstancia – le dijo el viejo artesano, una eminencia en ojos para los que no quieren ver.


El hombre salió a dar un paseo con sus ojos de mentira, orgulloso de que nadie pudiera descubrir su infelicidad, miraba soñador mientras sus ojos de verdad se abrían paso a través del  ombligo, redondo y anudado como sus emociones.


Qué desaguisado. Su corazón ya no era rojo y latía con desgana. Vio como la desesperanza y el resentimiento tejían paranoias entre sus costillas flotantes. Y no hizo nada por  salvar a  la empatía que se ahogaba en una artería taponada por la furia.



Él, que antaño amaba la belleza, se perdió para siempre los atardeceres, que dibujaban con tinta china los paisajes sobre un cielo naranja y malva, las sonrisas enigmáticas, el cruce de miradas y un montón de pequeños placeres que os podéis imaginar.
 
Entre su mujer y  el hombre se instaló una autopista de silencio, cada vez más desangelada, cada día más ancha. Por la noche miraban la tele, es un decir, porque sus ojos de verdad seguían mirando hacia adentro. Una vez en la cama  se daban la espalda antes de dormir.


Entonces él se quitaba sus ojos de soñador, los guardaba con cuidado en una cajita de nácar, y lloraba desconsolado en la oscuridad.




La mujer invisible



¿Desde cuándo no le dirigían la palabra en aquella casa salvo para exigir sus servicios?

¿Mamá, ¿dónde coño está mi camiseta lila? Joder, te he dicho mil veces que odio la Nutela.  ¿Lola, puedes plancharme el pantalón de lino? Ah, vendré tarde, tengo una reunión, no me esperes despierta. Este fin de semana también trabajo.

La hija adolescente mordisqueaba las tostadas mientras seguía con la cabeza y parte del cuerpo el ritmo de la música que retumbaba a través de sus auriculares y mandaba sms con la mano libre.  El marido consultaba su iPhone, tecleaba, sonreía a la pequeña pantalla, chasqueaba la lengua…

La mujer miró a su familia durante un buen rato ¿Quiénes eran aquellos intrusos que la utilizaban, que jamás daban las gracias, ni le dedicaban una sonrisa o le preguntaban cómo se sentía?

El día anterior, Lola fue a la peluquería. Se compró un vestido rojo y un sombrero. Estaba guapa, hasta ella lo reconoció cuando se miró en el espejo un día más para comprobar si seguía siendo visible.  

-Me voy, dijo en un susurro.

-…  

Carraspeó. Me voy, dijo más alto. No sé si para siempre o por una temporada. Tenéis comida en la nevera para una semana, después, tendréis que espabilaros.

Ni siquiera la miraron cuando sonó su móvil. -Bajo enseguida- le dijo al taxista. 

Sacó del bolso un sobre blanco con una carta de despedida e instrucciones para que no se perdieran por la casa solos. 

Comprobó que llevaba el dinero rescatado de un plan de pensiones y recogió la maleta que había dejado en el recibidor.

Adiós, dijo al aire. Y se marcho sin volver la vista atrás.


Summertime de Hopper muy intervenido por Tesa

-Al aeropuerto, por favor terminal dos.

¿Vacaciones o negocios? – dijo el taxista mientras programaba el GPS

Vacaciones- mis primeras vacaciones de verdad en veinte años.

Las calles justo se desperezaban. El aire olía a pan tostado y café.

Por  la radio del taxi emergió como un volcán en erupción la voz de Janis Joplin interpretando Summertime.



Justo una semana después, tal y como Lola había imaginado, se dieron cuenta de que Lola había desaparecido, cuando los platos se amontonaron en el fregadero, la nevera se fue vaciando y la camiseta favorita y el pantalón de lino seguían en el cesto de la ropa sucia.

Tratando de encontrar un indicio que confirmara tan extravagante conducta, impropia de una madre amantísima y de una esposa cabal, dieron con la carta de despedida, que seguía sujeta por el azucarero debajo de una caja de cereales vacía.

Ni mi dolor es tan alto ni soy tan alegre como unas castañuelas


Tengo una tristeza antigua que de vez en cuando alimenta mi melancolía y se instala en casa con su baúl anticuado donde guarda carencias, decepciones y algún sueño roto. Mi sentido del humor huye, no soporta la desproporción de su puesta en escena ni sus monólogos del club de la comedia de las comadres amargadas.
-Nena, a tu edad y sigues sin oficio concreto y lo que es peor sin beneficio. Que has cambiado de profesión más que de casa. Y todavía sueñas…
 Eres una mujer proyecto. ¿A quién crees que le interesa lo que haces? ¿Por qué insistes? Es normal estar deprimida con la menopausia, ya sabes, envejeces, engordas, el baile de hormonas…, y encima ni le das a la soja ni a los tratamientos milagrosos, que mira que eres arcaica con el abanico y el rollo zen.
 ¿Aventurera? ¿Bohemia? ¡Ja! En el mundo real a eso se le llama ¡¡¡FRACASADA!!!
 
Hay veces que mi tristeza antigua gana una batalla y entonces sólo me apetece el silencio, pasear por la playa, redecorar la casa, acurrucarme en un sillón, escuchar a Mozart, ver cine raro y dedicarme a leer y leer entre suspiros…

Intervención y fotomontaje sobre un cuadro Hopper
Pero mi sentido del humor regresa, me pinta bigotillos con rotulador, me pone una nariz roja de payaso y me recuerda que hay que tener grandes sueños, expectativas razonables y necesidades mínimas.
Y también lo pequeño que es mi desasosiego comparado con el dolor real de tanta gente. Ese dolor tan alto, que decía el poeta Manuel Altolaguirre, que mira al otro mundo por encima del ocaso. 
Así que visto lo visto, engatuso a mi tristeza con unas lagrimillas y un nudo teatrero de garganta. Y cuando se descuida, zas, la dejo en coma con una tanda de chistes malos. La doblo en tres y la guardo en el cajón de los calcetines hasta el otoño, por lo  menos.
Ya lo decía Kant, el filósofo idealista: El sueño es un acto poético voluntario
Elijo seguir soñando, aunque a veces me sienta una mujer proyecto, una aventurera sin aventura, una bohemia domesticada y el desasosiego me recorra el cuerpo como un caballo desbocado.

SpanishRevolution


 Plaza del Sol de Madrid

Tuve un sueño: que esta España provinciana y llena de complejos se sacudía por fin la indiferencia, la caspa y la apatía y tomaba las riendas con la fuerza, la preparación y el entusiasmo de los más jóvenes.

Cuando desperté: la derecha más rancia y corrupta de Europa se pavoneaba de haberse pasado nuestra spanishrevolution por la ranura de las urnas.


Partidos cuya única bandera es la xenofobia han conseguido concejales por primera vez en ayuntamientos donde la mayoría de los votantes son trabajadores, desocupados y pensionistas con problemas para llegar al fin de mes. Estoy triste y un poco desanimada.

Pero como dice Almudena Grandes: "Elijo la esperanza, porque la virtud del revolucionario es la paciencia" 



 

El enigma del cinco, la isla de Manhattan y la fecha de caducidad



-Tiene que ser un mensaje, ¿si no cómo te explicas que sueñe algo tan raro?

-¿Un mensaje del número cinco? Dice mi pareja en tono burlón.

-No sé de quién es el mensaje, pero reconocerás que no es normal soñar algo así.

-Tus sueños no son normales, cielo.  Siempre me sorprende que recuerdes qué sueñas con tanta precisión.

Ajeno a mi desasosiego, le da un bocado a la tostada mientras consulta la agenda.

-¿Me estás escuchando?

- Te escucho. Has soñado que...

“...el cinco no es una aberración matemática, es un enigma atrapado en las proporciones de la isla de Manhattan”.

-¿Y?

-Genial y raro. ¿Por qué no escribes un cuento?

- Pero ¿por qué el cinco? Ni siquiera me gusta ese número.
Vuelve a su agenda sin más. Ya son muchos años juntos. Y sabe que diga lo que diga seguiré con mi obsesión hasta que encuentre una respuesta que me satisfaga.
Mientras me ducho, me visitan los cinco lobitos, tiene la loba. Los Jackson Five mueven las  caderas en la alfombra del baño… Me visto. Asisto con Delibes a un velatorio en Cinco horas con Mario. Me voy de aventuras con Los cinco, de Enid Blyton, recuento los cinco dedos de las manos, pinto de escarlata las cinco uñas de cada pie y  chequeo los cinco sentidos corporales.
Escribo el número... y  ¡vaya! el C-I-N-C-O  tiene 5 letras. Y es el único número que concuerda su numeral con las letras que se necesitan para escribirlo.
No sé, no me convence…
Los musulmanes oran cinco veces al día, una barbaridad. Yo, ninguna, ¿una temeridad?
Salgo a la calle con la obsesión viajando por mi mente. Sumo los números de las matrículas de coche.  Multiplico por cinco el precio del pan y del periódico. 

Regreso a casa, escucho música, trato de leer, pero no puedo concentrarme. Miro fotos de New York  y…



¿Y si la clave no es el cinco sino Manhattan? Consulto la Wikipedia. Nada. Nada. Nada… ¡Alto ahí!

La isla de Manhattan tiene 21,5 kilómetros de largo

Recuerda, nena, me digo “… el enigma  está atrapado en las proporciones de la isla de Manhattan” Entonces, ¿el cinco? Pura maniobra de distracción. Estoy harta de verlo en las pelis de espías.

La tarde antes del sueño, había comentado con una amiga que me gustaría saber mi fecha de caducidad. Y ahí está. Un regalo de los hados del subconsciente.

57 + 21,5 = 78,5  

Concretamente septiembre de 2033. Me quedan poco más de 21 años. Una vida o un suspiro. De momento voy seguir al pie de la letra lo que decía Voltaire:
“El arte de la vida consiste en hacer de tu vida una obra de arte” 
Así que voy a intentarlo con mucho humor, ternura, empatía, creatividad y un toque de locura. No pienso perder el tiempo.



Ay, minino de mi corazón, y tú más extravagante. ¡Tiene tela el modelito!

¿Te gustaría saber tu fecha de caducidad? ¿En qué cambiaría tu vida?