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Quizá preferiríamos ser libres

El Mar interior y Leviatán o la ballena, escritos por Philip Hoare, han agitado las aguas de mi alma melancólica y aventurera, que vuela con la misma determinación que las aves migratorias, sin nostalgia, sin mirar atrás. Aunque a veces lo haga en círculos.
Y es que ya lo decía Hermann Hesse, que “la vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero”
 
He leído los dos libros de Philip Hoare seguidos, y quizá padezca un atracón de mar y romanticismo épico.
Bastaron unos cuantos párrafos del autor en “Mar interior” para  que mi añoranza de mar y esa locura obsesiva, casi infantil, que me da cuando algo me toca el corazón se pusiese en marcha.
En estos fotomontajes juego con la idea de mar “de interior” de esta ciudad sin mar en la que vivo,  mi añoranza del mar y mi propio mar interior.

Ya  os he contado el proceso, ahora os dejo con las palabras de Hoare, culpables de esta pequeña muestra de mi propio mar ilustrado.  
“Nuestro cuerpo nos resulta tan desconocido como el océano, algo a la vez familiar y extraño; es un mar interior”

“Me aferro a mi rutina que ancla una vida que de otro modo iría a la deriva…

...Pero por la noche la anarquía de los sueños perturba este régimen autoimpuesto, en una caída libre que dura hasta que recupero los rituales de la mañana”

 “Con su renovación y su destrucción perpetua, el mar propone un inicio y un final, una alternativa a nuestra vida atada a la tierra…,
 …una experiencia a la que estamos encadenados, cuando quizá preferiríamos ser libres

Barcelona tradicional, mestiza y cosmopolita (Spain)

Sant Jordi, Fiesta del libro y la rosa
 Aunque madrileña de nacimiento, Barcelona me adoptó y me acogió durante más de treinta años.
 Siempre que regreso, siento que he vuelto a casa. Nada me es extraño, ni siquiera su variopinta “fauna callejera” de la que aquí os dejo una pequeña muestra.
Hay que tener mucho sentido del humor para que un chico se pasee así  por el Raval, un barrio con mucha emigración llegada de Pakistán, Bangladesh, Filipinas, Marruecos... y una importante comunidad gitana.
Un barrio con mucho problemas por resolver,  pero con muchas ofertas culturales como el Museo de Arte Contemporáneo, El CCCB, el Mercado de la Boquería... 
La Comunidad Sikh es muy numerosa en la ciudad, la mayoría viven en el Raval.  
Los confunden con musulmanes, y en Norteamérica tuvieron problemas tras los atentados de las Torres, pero sus creencias están muy alejadas de los fanáticos terroristas.
Dejan crecer su barba y no se cortan el pelo, que llevan recogido en una especie de moño bajo sus turbantes de distintos colores.
 
Sorprende oír a niños asiáticos y africanos hablando un catalán impecable. Y es que hay muchos niños adoptados de estas etnias, al menos en el barrio de Poble Nou donde vivía.
Al fondo mi antiguo barrio y sus playas. En el espigón, adoradores del sol y de la vida sana.  
Son muchos los extranjeros que viven y trabajan en Barcelona. Se integran con facilidad  y suelen hablar catalán, además de castellano y su idioma, claro.  
 
Estos sí son turistas en las escaleras del Puerto. Parece que no recuerdan dónde estuvieron anoche ni cómo han llegado a formar esta coreografía de pies en remojo.
La Sangría bien fría (vino con fruta, gaseosa o naranjada y lo que se te ocurra) hace ver peces de colores.
Las viejitas salen de la Iglesia y van a tomar un chocolate con leche fresca a la calle Petrixol del Barrio Gótico, mientras se cuentan sus recuerdos y recomponen el mundo que va demasiado deprisa para  su ritmo.
 Llegaron juntos al embarcadero, hablaban algún idioma del Este de Europa, luego se quedaron así, mirando al mar. Hice una sola toma, porque mi mente peliculera se puso en marcha y apreté el paso, no había mucha gente por los alrededores aquella tarde.
Me pareció “divino de la muerte” este musulmán con su vestimenta inmaculada, aunque el refresco gigante en botella de plástico le resta un poco de glamur a su llamativo look.
  Las masajistas chinas ofrecen sus servicios a pie de playa.
  Hay muchas leyendas urbanas sobre finales sensuales y felices. No es que esté en contra de los finales felices... pero a mi masajista playera le pedí que se limitara a mi espalda, nalgas,  piernas y pies… Oh, maravilla, os lo recomiendo.
 
Los pescadores jubilados de la Barceloneta juegan al dominó al lado de su club a primera hora de la mañana.
Los fotografío desde el Paseo, a pesar de la luz. Me gusta la sombra con sombrero que encuadra la mesa.
Ultima hora de la tarde. Un grupo de judíos se aparta de la playa hacia el espigón. Capta mi atención la kipá en sus cabezas y me intrigan los hilos que sobresalen de sus camisas. Les robo la foto y consulto en casa la  Wikipedia:
Los hilos pertenecen a una prenda ritual que llevan debajo de la camisa. Se llama talit katan, y es similar a un poncho.
En las cuatro esquinas de esta prenda cuelgan unos flecos especiales torcidos y anudados conocidos como tzitziot .
Nos cruzamos por el barrio del Borne. Sólo pude girarme y tomar esta foto antes de que la mujer elegante y chic desapareciera por el callejón.
El Barrio del Borne es mi lugar favorito para quedar a comer, tomar algo, ir de tiendas, pasear o ver museos, hay una gran cantidad de ellos. Imprescindibles: El Picasso y el MEAN (Museo Europeo de Arte Moderno) y uno muy curioso y friki, El museo del Mamut.
 
Nota: Si te apetece disfrutar de una vieja canción de Serrat, subtitulada en castellano, que resume mi sentimiento hacía esta hermosa ciudad clica AQUÍ 

¿De Madrid al cielo? Juzguen ustedes

  Madrid, Puerta del Sol
¿A quien apunta la chica del vestido floreado con el taladro?
¿Son sólo  amigos que van a montar un mueble de IKEA y tratan de descifrar las instrucciones?
¿Es una banda organizada, ataviada al estilo Miami Beach, y con poco presupuesto para armamento?
Plaza Mayor, Madrid 
¿Ejecución a la hora de la siesta?
¿Dónde están los turistas?
Si hay dos cuerpos sin cabeza y una cabeza sin cuerpo, ¿quien se ha comido a las palomas?
Paseo del Prado, Madrid 
¿El  hombre de hojalata es tan inofensivo como pretende?
¿Por qué regaña a los adolescentes que le hacen fotos y no le dan monedas?
¿El hacha es de atrezzo o se acaba de hacer un tajo en la espalda?
Seguro que cuando tengamos las respuestas nos cambiarán las preguntas. Así que mantengan ustedes los ojos abiertos. No vaya a ser que el eslogan que dice “De Madrid al cielo”  resulte cierto.

Una ballena en la piscina

-He observado que te gustan los animales, y que sueles estar en casa. ¿Te importaría cuidar de nuestra mascota unos días?
La mascota de mis vecinos tiene a su disposición siete piscinas iluminadas con una luz lechosa y fría, conectadas por túneles y compuertas.
Tengo que fotografiarla. Es tan bella e increíble…
La ballena se desplaza lentamente, como si se desperezara. Me observa.
Nuestras miradas se cruzan. Puedo sentir su nostalgia, su tragedia. Su tristeza milenaria enjaulada.
-No puedes vivir aquí, morirás. Y el agua está tan limpia que no tienes NADA qué comer.
Como si mi última preocupación estuviese conectada a un servicio de catering, una pareja de jóvenes vestidos de blanco traen en una carretilla un saco de comida para perros.
Se presentan como biólogos. No parece que les preocupe el hábitat de la ballena. Bromean entre ellos mientras lanzan al agua bolitas de colores.
Me digo, “qué dramática eres, nena, ellos sabrán más que tú, ¡son biólogos!”
Pero me escondo en la habitación de la pequeña de la casa. Me acurruco en su esquina especial, donde la niña de siete años sueña al compás de la respiración de la ballena.
-A veces canta y parece que llora y que se ríe- me dijo la niña cuando se enteró de que iba a cuidar de su mascota.
Cuando oigo que se cierra la puerta, regreso a la piscina. Ni rastro de biólogos ni de bolitas de colores, el agua vuelve a estar cristalina y…
…la ballena ha desaparecido.
La busco de una manera absurda, como si pudiera haberse colado por el desagüe.
Hasta que la encuentro en un recodo, aplastada contra el fondo. No comprendo por qué no hay suficiente agua en esa zona.

La ballena respira con dificultad, no soy biólogo pero sé que, si no flota en poco tiempo, su propio peso la asfixiará.
 Busco desesperada algún mecanismo que lleve agua hasta el recodo.

Nuestras miradas se cruzan de nuevo y le susurro que no se rinda.  
La ballena canta. Su canto suena como el gemido lejano de un bebé, como el aullido de un lobezno… Como un canto de sirenas melancólicas combinado con el ronroneo de una Harley.

Empieza a brotar agua por dos pequeños orificios, que trato de agrandar con mis manos.

El nivel del agua sube lentamente. Me encaro al agua. Le grito.

-¡La vas a matar!

Miro a la ballena, que ya no me mira.

-No te vayas-suplico.

Mi corazón late desordenado y me despierto. ¡Qué sueño tan extraño!, pienso.
Cuando me levanto prendo la radio. Ha “aparecido” una ballena varada en la playa.
Un vagabundo agarrado a una botella de vino barato afirma a quien quiera escucharlo:
-Lloooraba como un peeerrillooo! Sí, señor.


Fotomontajes de Tesa: las fotos de las ballenas utilizadas en estos fotomontajes las he sacado de internet. La piscina un poco tuneada de la publicidad de un hotel. Mi homenaje a sus autores. 

LulaBlú, la hormiga extraterrestre


Max se encontró a Lula en el balcón de casa, aturdida y con una herida en la tripa. La cosí con hilo azul y puntada invisible. Ventajas de haber ido a colegio de monjas.

La hormiga azul sólo recordaba que una nube-embudo había engullido su nave voladora y se había estrellado en un Parque muy grande.  

 Abrimos el sofá-cama para invitados pequeñajos, esperando que Lula durmiera, descansara y pudiera recordar dónde había escondido su nave.

 
Aunque le mostramos todos nuestros manjares, Lula se entusiasmó con las zanahorias.
En el Planeta de Lula se lavan en seco, como los abrigos en la Tintorería.

Así que tuvimos que convencer a Lula de que no íbamos a hacer sopa con ella y que el patito de bañera no era peligroso.
 
Mientras Lula se recuperaba y trataba de recordar dónde había escondido su nave, todos en casa nos turnábamos para jugar con ella y mimarla.
  A pesar de nuestros mimos, Lula añoraba su mundo.

Hasta que un día, mientras merendaba sus galletas de canela, empezó a recordar...
 
No queríamos llamar la atención y que las autoridades se quedasen a Lula para estudiarla. Así que Lula viajó en mi bolso, y me iba indicando el camino.
 Cuando no había nadie a la vista, Lula salió del bolso y fue a ver si su nave seguía debajo de los arbustos.
 Regresamos varias veces al Parque y nos fuimos llevando en mochilas los restos de la nave de Lula hasta el garaje de un amigo.
Lula es piloto, pero en su planeta son los escarabajos los expertos en mecánica. Vaya lío, ¿dónde encontrábamos un escarabajo mecánico?

Al final Max tuvo que hacer un curso intensivo por internet de “Mecánica para Naves, Aviones y Zarandajas voladoras”
Lula aprovechaba estos paseos por el Parque tratando de comunicarse con las hormigas terrestres, que pasaban de ella como nuestro Gobierno de la mayoría de nosotros.

Después de que Max utilizara todas las tiritas de casa y agotara el pegamento súpel-fuelte de las tiendas de chinos de nuestro barrio, LulaBlú pudo regresar a su mundo.

-Buen viaje, LulaBlú. ¡Nunca te olvidaremos!
Antes de volar a su destino, enseñé a LulaBlú el cuaderno de cuentos que había hecho para las nietas. Parece por su cara, que le encantó.  
Interiores de Lula: nuestra casa
                                  Exteriores de Lula: El Retiro de Madrid.

Diálogos primaverales, animaladas y pensamientos díscolos

Niño: ¿A ti también te han domesticado?
Perro: Sí, aunque en mi corazón vive un lobo que sueña. Trata de dejar algo en el tuyo para los días grises.
Niño: Vale, colega, me lo apunto.
Perro (pensamiento): Le dejaré ganar. ¡Se pone tan contento!
Es sólo una botella con un poco de arena para que se mantenga a flote, pero él lo celebra como si fuese una suculenta presa en un día de hambre canina. Me enternece.

Cuando la cebra subió a bordo del Arca de Noé, cayeron las primeras gotas del Diluvio Universal.

El mono le pidió al faisán una pluma y tinta al calamar. Dibujó la letra que faltaba, pues Noé con las prisas había escrito ACA sin R. Y las hienas se reían sin parar.

Perro: ¿Por qué  espero con ansía su regreso, lo adoro, consiento que me obligue a comer bolitas secas, a vivir en un mini piso, a aburrirme en un balcón tan pequeño que tengo que dejar mi culo dentro?
Tesa: ¿Tal vez, porque estás domesticado?

“Alan estuvo aquí” escribió antes de perder la cabeza.
Sus pensamientos escaparon in extremis por el ombligo. Uno de ellos se subió a mi hombro y me susurró: “Añoro el caos de Alan, yo era su pensamiento díscolo"
He invitado al pensamiento díscolo a alojarse con los míos, que andan un poco mustios… a ver si se animan, que ya es Primavera.
Tesa: Dicen que los perros acaban por parecerse a sus dueños…
...Pero ¿no es inquietante que los adornos de las fuentes se parezcan a los turistas que reposan a su lado?
Doy fe que no son los modelos, la fuente hace muchos años que está ahí.
Pensamiento díscolo: ¿Ves como ha sido una buena idea adoptarme?