TRANSLATE

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

“Yo dejo que la cámara capture lo que quiera… allá tú si no me crees, no es responsabilidad mía” (Hiroshi Sugimoto)

6.1.13

Historias de invierno. Sólo quiero que me escuche

De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres (Lorca


Me sale al paso un chico menudo, veintitantos, poco abrigado para el frío de enero en Madrid.  Tiene un poco afectada la movilidad, por alguna causa no visible y eso podría dar la falsa idea de que está borracho.
-Disculpe, señora, no quiero dinero, sólo quiero que me escuche.
Me paro.
- ¿Puede comprarme algo de comer ahí? - señala una tienda con pastelitos, bollería y bebidas.

- Sí, claro, ven y elige lo que quieras.

Entramos. Me sale la vena maternal y trato de incitarlo a comerse los bollos más grandes del expositor, bollos increíbles con cubiertas de chocolate o bañados en algo rosa que yo sería incapaz de digerir.

Valora la mercancía expuesta sin prisas, y acaba eligiendo una pequeña tarta de nata cubierta de almendras.
- La nata llena, me dice. Me basta. Es que si como mucho, no me sienta bien.



Me lo cobran a precio de turista, debe ser porque llevo la cámara colgando.

El chico me desea un feliz año y me dice que nunca me olvidará.

Toma la iniciativa de besarme y a mí me enternece. Nos besamos a la española: intercambiando dos besos, uno en cada mejilla.

Tengo un olfato excelente y confirmo que no bebe, aunque si lo hiciera, no soy nadie para juzgarlo.

Lo dejo entibiándose al sol, comiéndose en la acera su pastelito a pequeños bocados.  Me voy con un nudo en la garganta y me siento mal por no haberle dedicado un poco más de mi tiempo.

Tal vez, si lo vuelvo a encontrar le pregunte cómo se siente, si tiene madre… frío, si necesita un abrigo o si quiere que nos sentemos a tomar un café en algún lugar agradable y calentito.

Tal vez, le incomoden mis pretensiones de “buena gente” y sólo quiera que le solucione su desayuno sin más historias.

Ocurrió en Madrid, a las 10:30 de un día muy frío de invierno.

21 comentarios:

Tesa Medina dijo...

Sé que hay mucha gente a la que le dan miedo los mendigos o pararse a hablar con un desconocido.

Por fortuna no es mi caso, así que a veces me ocurren pequeñas historias agridulces como ésta que hoy os cuento.

No creo en la caridad, sino en la justicia y la igualdad, pero mientras llegan...habrá que hacer algo.

Recuerdo lo que decía Gandhi:

"Por insignificante que sea lo que hago, tengo que hacerlo"


Muchos besos, y gracias a todos los que pasáis por El Almacén.

Cabopá dijo...

Una historia muy tierna...

Muchas como esta cada día. Me ha gustado tu actitud y como lo cuentas, sin moraleja.

La realidad es la que es y está en las puertas de los super o en cualquier esquina.

¿Qué hacer? No lo sé, sólo se que cada uno actuamos de una manera. Lo peor es que como tantos, a veces miramos para otro lado.

Besicos, Tesa.

Con tinta violeta dijo...

Bella historia y real. Si te lo encuentras averigua hasta donde puedas...ellos saben siempre hasta donde contar...
Besos!

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

Querida Tesa, te deseo paz e ilusión para este año,y disfrutar de tus historias,cuantas personas que estan ahí esperando simplemente una palabra...un abrazo.J.R.

Mos dijo...

Cierto, Tesa. Lo tenemos a la vista a diario. Casos como el que nos cuentas tan en primera persona.
Tal vez le incomoden tus pretensiones de "buena gente" pero más le incomodarían que hubieras pasado de largo; que hubieras apartado su cara de la tuya ante esos besos de agradecimiento.
Una estampa de invierno muy habitual que tu has llenado de ternura y humanidad con tu actitud.

Un abrazo inmenso para ti desde la orilla de las palabras.

pluvisca dijo...

Que hermosa historia real Tesa, has hecho que recordara el mendigo amigo de la protagonista de "Ella que todo...de Angela Becerra. Y es que el miedo nos hace insensibles...mil hurras por ti mi niña!!!

Besazos

Aldabra dijo...

da escalofríos pensar en la vida de ese muchacho... y me gusta como lo cuentas, de un modo natural, sin dramatismo, pero con toda la carga emocional.

biquiños,

Martha Barnes dijo...

Hola Tesa,tu historia la conozco, porque tengo la costumbre de escuchar a cualquiera que quiera hablarme y lo escucho con atención, siempre que sea correcto.No tengo predilección por los humanos,pero se que hay gente buena ,que no tiene prensa,porque no es noticia.Un beso Martha

Ángeles dijo...

Hola Tesa, descubro su blog de la mano de otros tanto... navegando por la blogosesfera con mi barco de papel, decido atracar un rato en este peculiar "almacén de los días perdidos"...
Una historia que me conmueve...
Un placer visitar tus letras, con permiso por aquí me quedo.
Saludos :)

Esmeralda dijo...

....y más de un día le vino a esperar para comerse un pastelillo a pequeños bocados.
Cada uno tenemos nuestro chico menudo...
me gustó tu relato, me encantaron tus imágenes.
un gran abrazo tesa

Samuel Felip dijo...

Bella historia, agridulce, y la calle cada vez está más llena, el país está en una (obvia) situación, un poco descorazonador, pero como tú tienes corazón de sobra, no está todo perdido. Gandhi tiene razón, a veces quizá lo olvidamos. Cada acto de amor, cariño y comprensión hace un poco mejor este mundo. Y hace falta.

Un abrazo.

Remei dijo...

Tienes una mente privilegiada amiga, pero para crear esta historia además hace falta tener alma, y de eso tu vas sobrada...
Tesa, impecable...

Te echaba de menos cielo.
Un besazo!

ñOCO Le bOLO dijo...


· Posiblemente (no digas nunca posiblemente...) sea la historia más tierna que hayas escrito. Tierna y cruda, que nos coloca contra la pared y hace patente la injusticia social que entre todos nos hemos dado.
Claro que no eres (no somos) nadie para juzgarlo, habiendo a tantos que juzgar, por comer demasiado calentito...
· Las imágenes no hacen más que mostrar tu fuerza expresiva... de mayor quiero ser como tú.

· BPdMyN

· CR · & · LMA ·


Luisa dijo...

Hola, Tesa.

Bienvenida a Madrid. Su cara más afable te saluda desde los ojos de ese chico. Jamás he comprendido cómo puede uno pasar de largo ante alguien que pide ayuda. A mí me pasó con un vejete que estaba tirado en la acera. Olía a vino, sí; pero el pobre mío había tropezado y caído al suelo y no podía levantarse solo. Nadie lo ayudó. Yo solita tuve que levantarlo. Vivía en un edificio cercano. Se me quedaron grabados sus ojos de agradecimiento.

Un besazo.

Adriana Alba dijo...

Los milagros cotidianos suceden a la vuelta de cualquier esquina...sòlo tenemos que ver con los ojos del corazòn.
Un dulzura de relato Tesa.
Abrazos y buen comienzo de año.

Ada dijo...

El corazón aflora en la buena gente y se multiplica. Yo no creo que hubiera accedido a algo así. Pero reconozco que estas muestras de amor incondicional siempre me cautivan y me alegra que haya gente como tú. Últimamente pienso mucho en lo que debe de ser estar en ese otro lado.
Besos

Esilleviana dijo...

Ésta historia y otras parecidas solo te pueden suceder a ti, porque eres una persona observadora, sensible y en tus ojos se ve la sinceridad. Quizá tengas la posibilidad de volverlo a encontrar y él te saludará, no se olvidará de ti... la chica del dulce :))

un abrazo

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

Gracias Tesa,me reconfortan tus palabras, un abrazo.J.R.

Perlita dijo...

Ay, Tessssa, ¡qué pena! A mi tampoco me da miedo hablar con mendigos y ahora hay muchos nuevos. Vergonzantes, algunos de ellos, que son los que más pena dan.
La eñora María, aquella de loss dedo en martillo que ya nombré, está hopitalizada y me ha dado por pensar en quien le ayudará a u hijo y nietos...
Claro que, al lado de eso, el otro día vi a un señor que empujaba una illa de ruedas, la colocó junto a una iglesia y luego e entó muy serio en ella para pedir. Me figuro que también tendría necesidades el hombre, pero me chocó su "método".
Malos tiempos...
¿Qué tal Madrid?
Te ecribiré (Por cierto no me va la "s")
Un abrazo, Carmen.

Tesa Medina dijo...

PERLITA: te ha quedado un texto muy divertido con ese fallo de la ese. ¿Has pasado el antivirús?


SAMUEL: soy muy consciente de que lo que yo puedo hacer es insignificante, pero tengo que hacerlo.

Y ojalá todos hiciéramos algo insignificante cada día que demostrara que nos importan los demás.

Besos,

wastedcherry dijo...

No sé que decir (sólo lloro). Siempre he pensado que terminaré en la indigencia, espero que cuando me llegue el día me encuentre al paso a una Tesa Medina.